COSMOS CONFIDENCIAL
Keit Laumer
La autorizada historia de los mundos limitrofes del siglo XXIX es fácilmente asequible a toda persona que quiera escudriñar los archivos oficiales del Cuerpo Diplomatico Terrestre.
Pero los estudios de la historia, sin embargo, seria conveniente que procuraran leer entre líneas lo que ha sido anotado para la posteridad. Los registros, por ejemplo, no abarcan la entera significación del trabajo efectuado por un diplomático de profesión llamado Jame Retief, en sus esfuerzos para aliviar las contiendas entre los planetas de nuestra galaxia.
Están incluidas aquí varias relaciones de la aportación de Retief a la paz del universo, compuestas con la esperanza de que la injusticia cometida por los libros de historia será de este modo rectificada.
-1-
<...en la caótica escena política galáxica de la época del postconcordato, surgió el CDT para continuar la antigua tradición diplomática como una gran organización supranacional dedicada a la contravención de la guerra Como mediadores en disputas entre los mundos colonizados por los terráqueos y defensores de los Intereses terrestres en sus contactos con civilizaclones extrañas, los diplomáticos del Cuerpo, adiestrados en las cancillerías de incontables burocracias fenecidas, mostraban una enciclopédica comprensión de los matices de los adicionales puntos extraterrestres opuestos al Intrincado contexto social, político y económico galáxico. Nunca fue más brillantemente exhibida la maestría de un decano diplomático del Cuerpo que en la gestión dei embajador Spradley en la delicada cuestión sirénida...>
- Extracto de la Oflicial History of the Corps Diplomatique, Vol. 1, rollo 2. Salarian Presa, Nueva NW York, 479 IL EL £AD 2940).
PROTOCOLO
En la oscuridad del achaparrado edificio de recepción de color de barro, el consejero7 dos primeros secretarios y los superiores agregados se reunieron alrededor de la rolliza figura del embajador Spradley, Sus engalanados uniformes diplomáticos brillaban en la inmensa y sombría sala. El embajador echó un impaciente vistazo al reloj de su dedo. -
-Bien, ¿está usted enteramente seguro de que se aclaró la cuestión de nuestra hora de llegada?
~Insisti en el punto, señor embajador - el segundo secretario Magnan inclinó la cabeza enfáticamente en señal de asentimiento -. Me comuniqué con el señor T'Cai- Cai poco antes que la nave ligera hendiera la órbita, y especialmente recalqué…
-Espero que usted no se mostró truculento, señor Magnan - Interrumpió repentínamente el embajador.
No, de veras, señor embajador. Solamente …
-¿Está usted seguro que no hay una cámara aquí para personas muy Importantes?
-El embajador dio un vistazo alrededor de la cavernosa sala - Es raro que ni siquiera se hayan habílitado sillas.
Si quisiera sentarse sobre una de esas jaulas para mercancias, ya usaré el pañuelo...
- De ninguna manera - el embajador volvió a mirar el reloj y carraspeó.
-Piiedo tambien utilizar estos pocos momentos para bosquejar nuestro acercamiento para los miembros más jóvenes del cuerpo. Es esencial que toda la misión diplomática obre en armonía con la presentación de la figura. Nosotros "los 'terrestres somos una raza benigna y amante de la paz -el embajador sonrrió de un modo pacifico.
-Pretendemos solo una razonable repartición de esferas de influencia con los Yill - extendió 1as manos en un gesto de equidad-. "Somos una gente de a1ta cultura, de un nivel ético , sinceros.
~Empezaremos pidiendo todo el sistema sirénido - la sonrisa fue sustituida de repente con un fruncirmíento de los labios -, y haremos arreglos para la mitad. Nos estableceremos firmemente en todos los mundos más selectos y, con sagaz manejo, dentro de una década, estaremos en situación para sostener un más amplio derecho - el embajador dio una ojeada alrededor-. Si no hay preguntas que…
James Retief, vicecónsul y tercer secretario del cuerpo diplomático y miembro más joven de la Embajada Terrestre en Yill, se adelantó.
-Ya que mantenemos la precedente pretensión al sistema, ¿por qué no ponemos todas las cartas sobre la mesa para empezar? Quizás si tratáramos francamente con los Yill, ello nos seria provechoso a la larga.
El embajador Spradley hizo un guiño al hombre más Joven. Al lado de él, Magnan carraspeó en silencio.
-El vicecónsul Retief simplemente quiere decir...
~Soy apto para interpretar la observación del señor arreglos para la mitad. Nos estableceremos 'Irtoemente en todos los mundos más selectos y, con sagaz manejo, dentro de una década, es-taremos en situación para sostener un más arir pilo derecho el embajador dio una ojeada alrededor-. Si no hay preguntas c¡ue..~
James Retief, vicecónsul y tercer secretario del cuerpo diplomát$co y miembro más joven de la Embajada Terrestre en Yill, se adelantó.
-Ya que mantenemos la precedente pretensión al sistema, ¿por qué no ponemos todas las cartas sobre la mesa para empezar? Quizás si tratáramos francamente con los Yill, ello nos seria provechoso a la larga.
El embajador Spradley hizo un guiño al hombre más Joven. Al lado de él, Magnan carraspeó en silencio.
-El vicecónsul Retief simplemente quiere decir...
~Soy apto para interpretar la observación del señor arreglos para la mitad. Nos estableceremos 'Irtoemente en todos los mundos más selectos y, con sagaz manejo, dentro de una década, es-taremos en situación para sostener un más arir pilo derecho el embajador dio una ojeada alrededor-. Si no hay preguntas c¡ue..~
James Retief, vicecónsul y tercer secretario del cuerpo diplomát$co y miembro más joven de la Embajada Terrestre en Yill, se adelantó.
-Ya que mantenemos la precedente pretensión al sistema, ¿por qué no ponemos todas las cartas sobre la mesa para empezar? Quizás si tratáramos francamente con los Yill, ello nos seria provechoso a la larga.
El embajador Spradley hizo un guiño al hombre más Joven. Al lado de él, Magnan carraspeó en silencio.
-El vicecónsul Retief simplemente quiere decir...
~Soy apto para interpretar la observación del señor Retief - dijo Spradley con voz fuerte, tomando una expresión paternal.
~ Joven, usted es nuevo en el servicio. Todavía no ha aprendido el juego de equipo, el torna y daca de la diplomacia. Espero que observe atentamente el trabajo de los expertos gestores de la misión y que aprenda la importancia de la sutileza. Una confianza excesiva en los métodos directos tendería con el tiempo a atenuar el papel del diplomático profesional.
e pensar en las consecuencias.
Spradley retrocedió hacia los miembros más cuerpo. Retief fue paseándose hacia una puerta con paneles de cristal y echó un vistazo adentro dé la sala al otro lado. Varias docenas de altos Yills de piel gris se recostaban comodamente en hondos canapés, sorbiendo bebida de espliego con delgados caños de vidrio. Unos criados con oscuras blusas iban de un lado a otro de un modo indiscernible, ofreciendo bandejas. Retief miraba con atención mientras un grupo de yills brillantemente ataviados se dirigía hacia una ancha puerta de entrada. Uno del grupo un alto varón, tendió a dar un paso antes que otro yill, el cual levantó una mano lánguidamente, con el puño cerrado. El primer yill retrocedió y colocó las manos encima de su cabeza con una seña. Ambos yills continuaron sonriendo y parloteando mientras cruzaban la puerta.
Retief se reunió con la comisión terrestre, agrupada alrededor de un montículo de toscas jaulas apiladas sobre el raso pavimento de hormigón, en el momento en que aparecía un bajo yill de correosa piel.
~ Soy P'Toi. Por aquí... -indicó el yill.
Los terrestres se pusieron en pie con el embajador Spradley a la cabeza Mientras el rollizo diplomático llegaba a la puerta, el guía yill pasó adelante como una flecha, apartándolo de un codazo Luego vaciló esperando. El embajador casi echaba fuego por los ojos, después recordó el protocolo. Sonrió, haciendo señas al yill para que prosiguiera. El yill musitó en lengua vernácula, miró azorado, luego pasó por la puerta. El grupo terrestre
~ Quisiera saber qué estaba diciendo ese sujeto -dijo Magnan, alcanzando al embajador-. El modo en que ha empujado a su Excelencia fue ignominioso.
Un número de yills estaban esperando fuera del edificio. Mientras Spradley se acercaba al lujoso coche abierto que esperaba en la orilla de la acera, los yills cerraron filas, impidiéndole el paso Spradley se aproximó, abrió la boca; luego la cerró de golpe.
-Es sorprendente -dijo Magnan, trotando cerca de Spradley mientras retrocedía para reunirse con el cuerpo, ahora mirando a su alrededor, inseguro -. Uno creeria que estas personas no conocen las atenciones debidas a un jefe de misión.
-¡No conocen las atenciones debidas a un novicio tratante en pieles! - soltó Spradley.
Alrededor de los terrestres, los yills se arremolinaban nerviosamente, musitando en lengua vernácula:
~ Adónde se ha ido nuestro maldito intérprete? - gruñó el embajador -. Me atrevo a decir que están conspirando abiertamente..
~ Lastima que tengamos que confiar en un interprete nativo.
- Oh no se ha pensado hacer ninguna crítica, por supuesto, señor embajador - se apresuró a decir Magnan -. Dios mio, ¿quién habria imaginado…
Retief subió, situándose al lado del embajador.
~ Señor embajador -dijo-. Quisiera...
- Mas tarde, joven - soltó el embajador.
~ Hizo señas al consejero, y los dos se fueron, marchando juntos.
Un sol azulado brillaba en un cielo oscuro. Retief, observó que su aliento formaba una escarchada nube en el frío aire. Un abierto vehículo de sólidas ruedas paró en la plataforma. Los yills hicieron gestos al grupo terrestre, hacia la abierta portezuela de atrás ~ Luego retrocedieron, esperando.
Retief miró curiosamente el carromato pintado de gris. La inscripción escrita en un lado con extraños caracteres parecía decir <caldo de la reina>. Infortunadamente tampoco tuvo tiempo para aprender la escritura durante el Viaje. Quizás más tarde tendría una ocasión para decir al embajador que podia servir de intérprete para la misión.
El embajador entró en el vehículo, siguiendo los otros terrestres. Estaba tan desprovisto de asientos como el édificio terminal. En el centro de1 pavimento, entre un revoltillo de papel y un calcétin morado y. amarillo hecho para un ancho pie de yill, estaba lo que parecía ser un gastado chasis électrónico. Retief echó un vistazo atrás. Los yills estaban hablando acaloradamente. Ninguno de ellos entró en el coche. La portezuela fué cerrada, y los terrestres se aseguraron bajo el abatido techo mientras el motor empezaba a funcionar con el quejido de usadas turbinas antes de arrancar el carromato.
Fué un viaje incomodo. Las pocas flexibles ruedas batian desiguales guijarros. Retief sacó un brazo mientras el vehiculo daba vuelta a una esquina, y asió al embajador en el momento en que este perdía el equilibrio. El embajador le miró enfurecido, se ajustó el grueso tricornio y se mantuvo tieso hasta que el coche cabeceó otra vez.
Retief intentó ver al exterior por la única y polvorienta ventilla. Pasaron por una maciza entrada, subieron una rampa y se pararon. La portezuela se abrió. Retief vio una fachada gris y sin adorno, con diminutas ventanas e irregulares espacios. De un vehículo escarlata parado en frente, salía la comisión de recepción de los yills. Por las anchas ventanas Retief vio una preciosa tapicería y vislumbró vasos afianzados en un menudo mostrador.
P'ToI, el intérprete yill, se adelantó, haciendo gestos, hacia una pequeña puerta de la grisácea pared. Magnan avanzó apresuradamente para abrirla y la sostuvo para que pasara el embajador Mientras daba unos pasos hacia ella, un yill Se lanzó hacia adelante y titubeó. El embajador Spradley se paró, echando fuego por los ojos. Luego torció la boca con una helada sonrisa y se apartó. Los yills se miraron el uno al otro y pasaron por la puerta en orden.
Retief fue el último que entró. Mientras pasaba adentro, un criado vestido de negro se deslizó más allá de él, quitó la tapa de una gran caja junto a la puerta y soltó dentro una bandeja de papel llena de desechos. Sobre la caja habían extraños caracteres con pintura que formaban hojuelas. Retief observó que parecían significar <caldo de la reina>.
* * *
Las chillonas gaitas y los gimientes caramillos se hablan estado calentando durante una hora cuando Retief salió de su pequeña alcoba y bajó la escalera hacia la sala del banquete. Parándose junto a las abiertas puertas encendió un delgado cigarro y atisbó mientras serviciales criados pasaban rápidamente por lo largo del bajo y ancho pasillo, llevando cargadas bandejas hacia la amplia sala, poniendo la vajilla en orden sobre aria gran mesa de cuatro lados que formaba un hundido cuadro que casi ocupaba la sala. Preciosos brocados estaban extendidos por el centro del lado más cercano a la puerta, rodeados de blancos paños profusamente adornados. Al otro lado, un sencillo mantel blanco se extendía hacia abajo de los dos costados hasta la distante tabla, donde unos platos de metal estaban colocados sobre la lisa superficie de la mesa. Un yill magníficamente ataviado se acercó, se hizo a un lado para dejar pasar a un criado y entró en la sala.
Retief se volvió al oir voces conocidas tras de él. Apareció el embajador, seguido de dos diplomáticos. Miró a Retief de soslayo, se ajustó la golilla y examinó la sala del banquete.
-Al parecer, se nos va a tener esperando otra vez - soltó -. Después de haber sido informados al principio que los yill no tienen Intención de ceder ni una pulgada, uno casi se asombra...
-Señor embajador - dijo Retief -. ¿Ha notado usted...?
-No obstante - dijo el embajador Spradley, mirando a Retief -, un habituado diplomático no debe hallar ningún serio Impedimento en estos pequeños desaires. Al fin... Ah, ahí están Magnan... -se desvio, hablando.
En alguna parte sonó un gong. En un momento el pasillo se llenó de locuaces yills que pasando más allá del grupo de terrestres entráron en la sala del banquete. Apareció P'Tol, el Intérprete yill, y levantó una mano.
- Esperen aquí...
Más yills entraron en fila en el comedor, ocupando sus sitios Una pareja de guardas con casco se acercó e hizo señas a los terrestres para que retrocedieran, Un inmenso yill de grises carrillos se dirigió hacia las puertas zarandeándose, con sartas de joyas chocando suavemen te, y entro seguido de más guardas.
-El jefe del Estado - Retief oyó decir a magnan - el admirable F'Kau-Xau-Kau.
-
Aún he da presentar las credenciales --- dijo el embajador Spradley -. Uno espera un poco de laxitud en los usos del protocolo, pero confieso... -Meneó la cabeza ligeramente.El intérprete yill
habló en voz alta.Ustedes ahora se tenderán nariz abajo y se arrastrarán hacia la mesa festiva - Señaló al otro lado de la sala.
-¿Nariz? - el embajador Spradley miró alrededor desatinadamente.
- No me extrañarla que el señor P'Toi quiera decir boca abajo - dijo Magnan -. Exactamente, quiere que nos echemos y nos arrastremos hasta nuestros asientos, señor embajador.
-¿De qué diablos se está usted sonriendo, imbécil? - soltó el embajador.
La cara de Magnan se ensombreció.
Spradley miró de refilón las medallas sobre su panza.
-Esto es... Nunca he...
-Respeto a los dioses - explicó el intérprete en aquel momento.
~Oh... oh... - religión - dijo alguno.
-Bien, sí es una cuestión de creencias religiosas... - el embajador miró a su alrededor dudosamente.
-En realidad, está sólo a un par de centenares de pies -dijo Magnan.
-Retlef Se dirigió hacia P'Toi.
~Su Excelencia, el embajador terrestre no se arrastrará -dijo llanamente.
-Eh, joven, no he dicho nada~..
-¿No se arrastrará ? ~ el Intérprete tenía una indescriptible expresión de yill.-
- Es contra nuestra religión - dijo Retief.
-¿Contra?
Somos adoradores de la Diosa Culebra - dijo Retief -. Es un sacrilegio arrastrarse.
Pasó apresuradamente más allá del intérprete y marchó hacia la distante mesa. Los otros le siguieron.
Resoplando el embajador se situó junto a Retief mientras se acercaba a la docena de vacíos taburetes alineados al lado del cuadrado frente al puesto del admirable F'Kau-Kau-Kau
- Señor Retief, tenga la amabilidad de dejarme cuidar de este asunto - siseó -. En el ínterin, espero que reprima cualesquiera nuevos impulsos precipitados. Permítame recordar]a que yo soy el Jefe de la Misión aquí.
Magnan surgió de detrás.
- Permítame que añada mis felicitaciones, Retief - dijo -. Fue una buena decisión. Y rápida
-¿Está usted loco, Magnan? - gruñó el embajador -. Estoy sumamente disgustado.
- Estaba hablando mordazmente, por supuesto, señor embajador - tartamudeó Magnan-. Naturalmente yo, también, he quedado desconcertado por su presunción.
Los terrestres ocuparon sus sitios, Retief en la extremidad. La mesa frente a ellos era de lisa madera cruda, con un orden de someros platos de peltre sobre ella.
Los yiIls sentados junto a la mesa, unos de simple gris, otros de negro, los observaban silenciosamente. Había un continuo meneo entre ellos mientras uno u otro se levantaba y desaparecía y otros se sentaban. Las gaitas y los caramillos de la orquesta estaban chillando furiosamente y el susurro de conversación yilliana de las otras mesas se elevaba siempre más alto. Un talludo yill de negro estaba ahora al lado del embajador. Todos los yills cercanos enmudecieron mientras el criado echaba una blancuzca sopa con un cucharón en el mayor de los cuencos situado frente del enviado terrestre. El Intérprete estaba suspenso, observando.
-Es suficiente - dijo el embajador Spradley, mientras el cuenco rebosaba.
El criado ylll dejó caer más cantidad de sopa dentro del cuenco y esta fluyó por la superficie de la mesa.
-Tenga la amabilidad de servir a los otros miembros del cuerpo - ordenó el embajador.
El intérprete dijo algo en voz baja El criado pasó vacilante al siguiente y sirvió más sopa.
Retief observaba, escuchando los susurros alrededor de él. El yill de la mesa se estaba estirando ahora para atisbar. El criado estaba sirviendo la sopa rápidamente, moviendo los ojos de lado. Llegó al sitio de Retief y alargó el brazo con el cucharón lleno para echar en el cuenco.
- No - dijo Retief.
El criado vaciló.
-Nada para mí - dijo Retief.
El intérprete subió e hizo señas al criado, el cual alargó el brazo otra vez, con el cucharón lleno hasta el borde.
-¡No quiero! - dijo Retief, con voz alta en el repentino silencio.
Miró con fijeza al intérprete, el cual por un momento le devolvió la mirada. Luego hizo señas al criado para que se alejara y siguió adelante,
~ Señor Retief -siseó una voz.
Retief miró a la mesa, El embajador se estaba inclinando hacia adelante, mirándole enfurecido, su rostro de un moteado rojo.
- Le estoy avisando, señor Retief - dijo roncamente -. He comido ojos de carnero en el Sudán, <ka swe> en Birmania, <cug> de cien años en Marte, y toda otra cosa que me hayan puesto delante en el curso de mi carrera diplomática, y por las sagradas reliquias de San Ignacio, usted hará lo mismo.
Agarró un utensilio semejante a una cuchara y lo sumergió en el cuenco.
-No coma eso, señor embajador - dijo Retief.
El embajador miró asombrado y con los ojos dilatados. Abrió la boca, dirigiendo la cuchara hacia ella.
Retier se levantó, asió la mesa debajo del canto, y la alzó con esfuerzo. La tabla de madera se elevó y se inclinó; los platos cayeron al suelo con estrépito. La mesa también, con un tremendo golpazo. Lechosa sopa se esparció por el pavimento; un par de raros cuencos rodaron por la sala, Resonaron gritos de los yills, mezclados con un ahogado grito del embajador Spradley.
Retief anduvo más allá de los aturdidos miembros de la misión, hacia el farfullante jefe.
-Señor embajador - dijo-. Quisiera...
- ¡ Quisiera! ¡ Lo degradaré, joven tunante! ¿Se da cuenta...?
-Por favor... -el intérprete se paró al lado de Retief.
- Le ruego que me dispense - dijo el embajador Spradley, limpiándose la frente -. Lo siento...
~ Cállese - dijo Retief.
-¿Qué?
- No se disculpe - dijo Retief.
- Por favor, vengan - Indicó P'Toi, haciendo señas.
Retief se volvió y le siguió.
* * *
La parte de la mesa en que fueron acomodados estaba cubierta con una recamada tela blanca, preparada con finos platos de porcelana. Los yills ya sentados allí se levantaron, y se pusieron más abajo para dejar sitio a los terrestres. El yill vestido de negro de la mesa del extremo cerró filas para ocupar los asientos vacíos. Retief se sentó, encontrándose a Magnan a su lado.
-¿Qué está pasando aquí? - dijo el segundo secretario.
- Nos estaban dando comida de perros dijo Retief -. He oído a un yill por casualidad. Nos han colocado en la parte de la mesa destinada a los criados.
-¿Quiere decir que usted entiende su lenguaje?
- Lo aprendí a la salida; lo suficiente, al menos...
La música prorrumpió en un estrepitoso ruido, y un tropel de Juglares, danzarines y acróbatas afluyeron al centro del cóncavo cuadrado, haciendo Juegos de manos, danzando y saltando frenéticamente. Los criados bullian, juntando monticulos de olorosa comida en los platos de yills y terrestres por igual, echando licor de un color morado claro en delicados vasos. Retief cató la comida de los yills. Era deliciosa. La conversación era imposible con el ruido. Observó la vistosa exhibición y comió mucho.
Retief se inclinó, agradecido por el momento de calma de la música. Fueron quitados de prisa los últimos platos, y llenados más vasos. Los agotados juglares se pararon para recoger las macizas monedas cuadradas que arrojaban los comensales. Retief suspiró. Había sido un raro festín.
-Retief - dijo Magnan en el relativo silencio -. ¿Qué estaba usted diciendo acerca de comida de perros en el momento en que empezó la música?
-¿No ha notado usted la cosa, señor Magnan? - dijo Retief, mirándole -. ¿La serle de premeditadas afrentas?
- ¡ Premeditadas afrentas! Un momento, Retief. Son toscos, ciertamente, agolpándose en las entradas y todo eso. Pero... - Magnan miró a Retief inseguramente.
-Nos metieron como ganado en un depósito de bagaje del edificio terminal y luego nos transportaron aquí en un camión de la basura.
-¡Camión de la basura!
- Sólo simbólico, por supuesto. Nos Introdujeron en la entrada de los mercaderes, y nos asignaron pequeñas alcobas en el ala de los criados. Después se nos colocó entre los barrenderos de la condición de los peones Indios, en el fondo de la mesa.
-¡Usted debe estar equivocado! Quiero decir que, al fin y al cabo, somos la comisión terrestre; sin duda estos yllls han de darse cuenta de nuestra autoridad.
- Justamente, señor Magnan. Pero...
Con un metálico sonido de címbalos, los músicos lanzaron un renovado ataque. Seis altos yllls que llevaban yelmos saltaron al centro del pavimento, se aparearon en una violenta representación, medio danza, medio combate. Magnan tiró de la manga a Retlef, y éste movió la cabeza. Nadie podía hablar frente a una orquesta de yills en pleno clamor. Retief probó un vino tinto y observó el espectáculo.
Había una viva acción; dos de los danzarines tropezaron y se desplomaron, sus parejas se alejaron para aparearse de nuevo, para representar el primoroso ritual de precombate, y de repente ponerse a luchar, entrechocando sables. Dos yills más cayeron, aturdidos por un golpe. Era una danza violenta. Retief miraba con atención, olvidando la bebida.
Los dos últimos yills se acercaron y se retiraron, saltaron, se movieron con sacudidas y giraron, hicieron tintas y se pusieron en una peculiar postura. Y en seguida uno estaba resbalando, cayendo, el yelmo sesgado, y el otro, un gigantesco y musculoso yill, se alejaba con rápidos giros, acompañado de un furioso clamor de gaitas mientras las monedas caían con profusión; luego quedaba inmóvil frente a una vistosa mesa, levantaba el sable, y lo dejaba caer con un resonante golpe por medio del llamativo mantel frente a un yill ataviado con encajes y lazos, La música paró con un retumbar estruendoso de cimbalos.
En completo silencio el danzarín-luchador fijó la vista hacia el otro lado de la mesa. Con un grito el sentado yill se levantó de un salto y alzó un cerrado puño. El danzarín inclinó la cabeza, extendió las manos sobre el yelmo y reanudó la danza mientras la música iniciaba otra vez. El encintado yill movió una mano negligentemente y echando un puñado de monedas por el pavimento, se sentó.
Entonces el danzarín se puso en una tiesa postura frente a la espolinada mesa, y la música paró en seco mientras el sable descendía de golpe frente a un grueso yill con ornados rollos metálicos. El acosado yill se levantó, alzó un puño, y el otro agachó la cabeza, poniendo las manos sobre el yelmo. Rodaron unas monedas, y el danzarín pasó adelante.
Rodeó el ancho pavimento, el sable girando, los brazos moviéndose rápidamente con un complicado simbolismo. Luego de repente estaba descollando frente a Retief con el sable sobre la cabeza. La música se cortó, y en el repentino silencio, el macizo sable se elevó y descendió velozmente con un fulminante impacto que hizo danzar los platos por la superficie de la mesa.
Los ojos del yill retuvieron la mirada de Retíef. En el silencio Magnan reía entre dientes ebriamente. Retief echó el taburete atrás.
- Cálmese, muchacho - voceó el embajador Spradley.
Retief se levantó, el yill sobrepujando su estatura de seis pies y tres por una pulgada. Con un movimiento demasiado rápido para observarlo, Retief echó mano al sable y lo arrebató al yill, haciéndolo girar en un silbante círculo. El yill se agachó, saltó hacia atrás y agarró un sable echado por otro danzarín.
-¡Detengan a este loco! - gritó Spradley. Retief saltó al otro lado de la mesa, poniendo frágiles platos en un movimiento giratorio..
El otro danzó de nuevo, y sólo entonces la orquesta se avivó con un chillido y un furioso redoblar de estridentes tambores.
No haciendo ningún esfuerzo para seguir los trenzantes movimientos del ritmo yilllano, Retief acosó al yill, parando malignos cortes con la embotada arma, devolviendo golpe por golpe implacablemente. Con la mano izquierda en la cadera, Retief se defendía y pegaba, rechazando al otro.
De repente el yill abandonó el doble papel. Olvidada la danza, se serenó, tajando, embistiendo, parando golpes. Ahora los dos se tocaban con la punta del pie, los sables chocandó en un rápido cambio. El yill cedió un paso, dos; luego se reanimó, rechazando a Retief más y más...
Retief hizo una finta, descargó un fuerte golpe en medio del yelmo gris. El yill dio un traspié, el sable cayó al suelo con repiqueteo. Retief se apartó mientras el yill pasaba más allá de él tambaleándose y se desplomaba.
La orquesta enmudeció con un descendente gemido de instrumentos de viento. Retief hizo una honda aspiración y se secó la frente.
-¡Vuelva aquí, joven necio! - gritó roncamente Spradley.
Retief sopesó el sable, mirando a la mesa adornada con brocado. Cruzó el pavimento. El yill permanecía inmóvil, como si estuviera paralizado.
-¡No, Retief! - gritó Spradley.
Retief fue directamente hacia el Admirable F’Kau-Kau-Kau. Se detuvo, alzando el sable, ante él.
-¡Al jefe del Estado no! - voceé alguien de la misión terrestre.
Retief bajó el sable con celeridad. La embotada hoja hendió el grueso brocado y rajó la mesa de dura madera. Hubo un completo silencio.
El Admirable F'Kau-Kau-Kau se levantó; siete pies de corpulenta y gris figura yilllana. Alzó un puño semejante a un jamón tachonado de piedras preciosas. Su ancho rostro no tenía expresión para los ojos del terrestre.
Retíel se mantuvo tieso por un largo momento. Luego, graciosamente, inclinó la cabeza y puso las puntas de los dedos sobre sus sienes. Detrás de él hubo un alboroto mientras el embajador Spradley se desvanecía. Después el Admirable F'Kau-Kau-Kau voceó, alargando los brazos a través dé la mesa para abrazar al terrestre, y la orquesta se desenfrenó. Grises manos ayudaron a Retief a pasar al otro lado de la mesa, fueron apartados unos taburetes para hacerle sitio junto a F'Kau-Kau-Kau. Retie! se sento, cogió un alto frasco conteniendo una especie de coñac negro como carbón que le había acercado su vecino, y brindé con el Admirable.
-El festín acaba - dijo F'Ktu-Kau-Kau-. Ahora usted y yo, Retief, hemos de ponernos a horcajadas en el escabel del Consejo.
-Será un honor para mí, Su Excelencia - dijo Retief -. Debo informar a mis colegas.
¿Colegas? - dijo F'Kau-Kau-Kau -. Es para los jefes el parlamentar. ¿Quién hablará por un rey mientras él aún tenga lengua para hacerlo?
-El sistema yilliano es sensato -- dijo Retief.
-Trataré con usted, Retief, como
virrey, puesto que usted dice que su rey es viejo y la distancia entre los mundos es mucha - F'Kau Kau-Kau vació un achaparrado vaso de rosada cerveza -. Pero no habrá intrigantes subordinados enterados de nuestros tratos - sonrió con una sonrisa de yill -. Después nos divertiremos, Retief. El escabel del Consejo es duro, y las doncellas deliciosas; esto contribuye a un rápido acuerdo.-El Admirable habla con discernimiento
-Retíel sonrió.
- Por supuesto, un ser prefiere mozas de su propia clase - dijo F'Kau-Kau-Kau. Eructo. El Ministerio de Cultura ha importado varias muchachas de placer terrestres; dice que son excelentes ejemplares... Al menos, tienen buenas figuras.
- Su Excelencia es muy considerado - dijo Retief.
- Concedámosnoslo, pues, Retief. Yo mismo puedo aventurarme a un tumbo con una de sus terrestres. Me gusta una ocasional perversión
- F'Kau-Kau-Kau metió un codo en el costado de Retief y rió estrepitosamente.
Mientras Retief se dirigía hacia la puerta al lado de F'Kau-Kau-Kau, el embajador Spradley miró ceñudo desde su sitio detrás del sencillo mantel.
-Retief - voceó -, tenga la amabilidad de disculparse. Deseo unas palabras de usted - su voz era fría. Magnan estaba detrás de él. abriendo extremadamente los ojos.
- Perdone mi aparente rudeza, señor embajador - dijo Retief - No tengo tiempo para explicarlo ahora...
-¡Rudeza! - exclamó Spradley -. No tiene tiempo, ¿eh? Permítame decirle...
- Por favor, baje la voz, señor embajador - dijo Retief -. La situación es todavía delicada.
Spradley temblaba, su boca abierta.
-Usted... usted... -dijo.
- ¡ Silencio! - soltó Retief, Spradley levantó la vista hacia el rostro de Retief, mirando por un momento los pardos ojos del joven. Cerró la boca y engulló.
- El yill parece haber recibido la impresión de que yo estoy encargado de eso - dijo Retief -. Tendremos que mantener el engaño.
-Pero... pero... - tartamudeó Spradley. Luego se enderezó -. Eso es el colmo - susurró roncamente -. Yo soy el Embajador Terrestre Extraordinario y Ministro Plenipotenciario. Magnan me ha dicho que desde el momento de nuestra llegada, se nos ha premeditada y repetidamente ultrajado; se nos ha tenido esperando en el almacén, transportado en camiones de la basura, juntado con los criados, servido bazofia en la mesa. Ahora a mí, y al cuerpo de decanos, se nos hace esperar hasta consumirnos, sin siquiera concedernos una audiencia, mientras que este... este múltiple Individuo, bebe y tiene intimidad con... con...
>Puede que yo haya sido un poquito precipitado, Retief, tratando de refrenarlo. - La voz de Spradley se quebró -. Menospreciar a los dioses del lugar y vaciar de golpe la mesa del banquete son más bien medidas extremas, pero su resentimiento estaba quizás justificado en parte. Estoy dispuesto a ser indulgente con usted - fijó airadamente la vista en Retief.
»Salgo de esta reunión, señor Retlef. No admitiré ninguna más de estas afrentas personales...
-Basta -dijo vivamente Retief-. Estamos teniendo al Admirable esperando.
El rostro de Spradley se tiñó de púrpura.
-¿Qué va a hacer usted, Retlef? - preguntó Magnan de repente.
-Voy a dirigir la negociación - dijo Retief. Entregó el vacio vaso a Magnan -. Ahora me voy a sentar y a trabajar en el proyecto.
* * *
En su escritorio de la serie de piezas para personas muy importantes, a bordo de la nave del Cuerpo, el embajador Spradley frunció los labios y miró severamente al vicecónsul Retief.
- Además de eso - dijo -, ha mostrado una completa falta de conocimiento de la disciplina del Cuerpo, del respeto debido a un funcionario más antiguo, hasta de las básicas atenciones. sus agravadas manifestaciones de mal genio los inoportunos arranques de violencia, y la casi increíble arrogancia en la toma de autorídad, hacen imposible su ulterior retención como funcionario comisionado del cuerpo diplomático terrestre. Es por tanto mi triste deber recomendar su inmediata...
Hubo un apagado zumbido del transmisor. El embajador carraspeó
-Diga.
- Una comunicación de la oficina principal del sector, señor embajador - dijo una voz.
- Bien, léala - profirió vivamente Spradley-. Omita los preliminares...
«Felicitaciones por el inaudito buen éxito de su misión. Los términos del acuerdo transmitidos por ustedes constituyen una muy favorable resolución de la difícil situación sirénida, y formarán la base de prolongadas y amistosas relaciones entre los Estados Terrestres y el Imperio Yill. A usted y a su cuerpo, se les debe entero crédito por una tarea bien ejecutada. Firmado: Sternwheeler, Secretario Ayudante Comisionado.>
Spradley interceptó la voz impacientemente. Revolvió unos papeles y luego miró a Retief con severidad.
-Superficialmente, por supuesto, un no iniciado observador podría juzgar sin reflexión que los... los resultados que se produjeron a pesar de estas... de estas irregularidades justifican las tales - el embajador sonrió, con una triste y discreta sonrisa -. Está lejos de ser el caso dijo -. Yo...
El transmisor ronroneó.
-¡Caramba! - musitó Spradley-. Diga.
- Ha llegado el señor T'Cai-Cal - dijo la voz -. ¿Lo hago...?
- Hágalo entrar, en seguida - Spradley miró a Retief de soslayo -. No es más que un hombre de dos silabas, pero procuraré rectificar estas falsas impresiones, dar cumplida satisfacción..
Los dos terrestres estuvieron esperando silenciosamente hasta que el jefe del protocolo yill llamó a la puerta.
- Espero - dijo el embajador -, que usted resista al impulso de aprovecharse de su insólita posición - miró a la puerta -. Entre.
T'Cai-Cai entró en la sala, miró a Spradley de refilón, luego se volvió para saludar a Retief en voluble yill. Rodeó la mesa escritorio, hacia el sillón del embajador, y le hizo señas desde desde allí, sentándose.
- Tengo una sorpresa para usted, Retíef - dijo en terrano -. Yo mismo me he servido del aparato instructor que usted tan amablemente nos prestó.
- Excelente - dijo Retief-. Estoy seguro que el señor Spradley se interesará por escuchar lo que tenemos que decir.
No importa - dijo el yill-. Estoy aquí sólo en plan social. - Miró alrededor de la sala.
- Ustedes adornan su cámara muy sencillamente; pero tiene cierto austero atractivo - el yill rió con una risa particular.
- Oh, ustedes los terrestres son una extraña raza. Nos sorprendieron a todos. Ustedes ya lo saben, uno oye historias tan raras. Les digo, en confianza, que habíamos supuesto que eran sobreimpulsivos.
- Superimpulsivos - corrigió Spradley con voz falta de tono.
- ¡Semejante refrenamiento! Qué gozo causaron a aquellos de nosotros, como a mí mismo por supuesto, que apreciamos su comprensión del protocolo ¡Semejante tacto! Cuán delicadamente parecían pasar por alto cada insinuación, al mismo tiempo que hábilmente evitaban la efectiva contaminación. Puedo decirles que había quienes creían - pobres necios - que ustedes no tenían ninguna comprensión de la etiqueta. ¡Cuán complacidos estábamos, nosotros los profesionales, que pudimos apreciar su maestría, cuando ustedes pusieron las cosas sobre una cómoda base rechazando la carne de gato! Fue puro placer entonces, esperar, para ver qué forma tomaría su cumplido.
El yill ofreció cigarros anaranjados, luego embutió uno en la ventana de su nariz.
- Confieso que ni siquiera había esperado que ustedes honraran a nuestro Admirable tan señaladamente. Oh, es un placer tratar con colegas profesionales, que comprenden la significación del protocolo.
El embajador Spradley hizo un ruido con la garganta.
- Este hombre ha cogido un resfriado - dijo T'Cal-Cai. Miró a Spradley dudosamente -. Retroceda, hombre, soy muy sensible - le pidió.
>Hay un pequeño asunto que me complacerá atender, Retief - prosiguió T'Cal-Cai. Sacó un extenso papel de su retícula -. Su Excelencia está resuelto a que nadie más que usted sea autorizado aquí, Traigo el exequátur de mi gobierno estableciendo a usted como cónsul general terrestre en Yill. Esperaremos con placer su pronto regreso.
Retief miró a Spradley.
- Estoy seguro que el Cuerpo estará de acuerdo - dijo este.
- En tal caso, me iré - dijo T'Cai-Cai. Se levantó -. Apresúrese a volver a nosotros, Retief. Hay mucho que quisiera enseñarle del gran Imperio de Yíll - hizo un expresivo guiño
Juntos, Retiel, veremos muchas cosas grandes y espléndidas.
-2-
Frente a las muchas amenazas a la paz que surgen naturalmente de la complicada situación galáxica, las pulidas técnicas ideadas por los teóricos del Cuerpo demostraron su valía en un millar de difíciles confrontaciones. Hasta los anónimos funcionarios más jóvenes, equipados con carteras que contenían detalladas instrucciones, pudieron calmar las agitadas aguas con la habilidad de experimentados gestores. Uno de los casos en cuestión fue el agudo manejo de Passwyn en el asunto del contratiempo de los terrestres en Adobe...
Vol. II, rollo 91 480 A. E. (AD 2941).
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