Larry Niven
I
El Skydiver
salió del hiperespacio a un par de millones de kilómetros sobre la estrella de
neutrones. Necesité un minuto para ubicarme a mi mismo contra el fondo
estrellado, y otro para encontrar la distorsión que Sonya Laskin mencionó antes
de morir. Estaba a mi izquierda, un área del tamaño aproximado de la Luna de la
Tierra. Hice girar la nave para enfrentarla.
Estrellas
cuajadas, estrellas enredadas, estrellas que habían sido revueltas con una
cuchara.
La estrella de
neutrones estaba en el centro, por supuesto, aunque yo no podía verla, ni
esperaba hacerlo. Tenía tan sólo diecisiete kilómetros de ancho, y estaba fría.
Mil millones de años han pasado desde que BVS-1 ardió con el fuego de la
fusión. Millones, por lo menos, desde las dos semanas cataclísmicas durante las
cuales BVS-1 fue una estrella de rayos X, quemante con una temperatura de cinco
mil millones de grados Kelvin. Ahora, solo se la descubría por su masa.
La nave comenzó
a girar por sí misma. Sentí la presión del impulso de fusión. Sin ayuda por mi
parte, mi fiel perro guardián metálico me estaba poniendo en una órbita
hiperbólica que me llevaría a un kilómetro y medio sobre la superficie de la
estrella de neutrones. Veinticuatro horas para caer, veinticuatro horas para
subir... y durante ese tiempo algo trataría de matarme. Tal como algo había
matado a los Laskin.
El mismo tipo
de piloto automático, con el mismo de programa, había elegido la órbita de los
Laskin. Eso no había hecho que su nave chocara con la estrella. Podía confiar
en el autopiloto. Hasta podía cambiar su programa.
En realidad
debería.
¿Como me había
puesto en esta trampa?
El impulsor se
apagó luego de diez minutos de maniobras. Mi órbita estaba establecida, en más
de un sentido. Yo sabía que pasaría si retrocedía entonces.
¡Y todo lo que
había hecho era entrar a la tienda para conseguir una nueva batería para mi
encendedor!
Justo en el
medio de la tienda, rodeado por tres pisos de registradoras, estaba el nuevo
yate intrasistemas Sinclair 2603. Yo había entrado por una batería, pero me
quedé a admirarlo. Era un hermoso trabajo, pequeño, liso, aerodinámico y
totalmente distinto de todo lo visto antes. Yo no habría volado en el por todo
el oro del mundo, pero tenía que admitir que era bonito. Asomé mi cabeza a
través de su puerta para ver el panel de instrumentos. Nunca había visto tantos
diales. Cuando saqué mi cabeza, todos los clientes estaban mirando en la misma
dirección. El lugar había quedado súbitamente silencioso.
No podía
culparlos por quedarse mirando. Había varios extrahumanos en la tienda,
comprando souvenirs, pero ellos también estaban mirando. Un titiritero es
único. Imagínese un centauro de tres patas, sin cabeza, con dos títeres de
Cecilio, la Serpiente de Mar Mareada en sus brazos, y entonces tendrá algo
parecido a la imagen correcta. Pero los brazos son cuellos ondulantes, y los
títeres son verdaderas cabezas, planas y sin cerebro, con anchos labios
flexibles. El cerebro está bajo una joroba huesuda entre las bases de los
cuellos. Este titiritero llevaba únicamente su propio abrigo de corto pelo
marrón, con una melena que se extendía por toda la espina dorsal hasta formar
una gruesa alfombra sobre el cerebro. Yo había oído que la manera en que llevan
la melena indica su status en su sociedad, pero para mí podría haber sido
cualquier cosa, desde un obrero de los muelles, a un joyero, hasta el
presidente de Productos Generales.
Yo miré con los
demás mientras cruzaba la sala, no porque nunca hubiera visto un titiritero,
sino porque hay algo hermoso en el modo delicado en que avanzan sobre esas
piernas delgadas y sus cascos diminutos. Lo vi venir derecho hacia mí, más y
más cerca. Se detuvo a medio metro, me miró y dijo:
- Usted es
Beowulf Shaeffer, antiguo jefe piloto de Líneas Nakamura.
Su voz era de
un hermoso contralto sin una traza de acento. Las bocas de los titiriteros son
no solo los más flexibles órganos de fonación, sino también las manos más
sensitivas. Las lenguas son bifurcadas en sus puntas; los anchos y gruesos
labios tienen protuberancias como dedos a lo largo de sus bordes. Imagínese un
relojero con el sentido del gusto en la punta de sus dedos.
Aclaré mi
garganta:
- Es correcto
Me miró desde
dos direcciones.
- ¿Usted
estaría interesado en un trabajo bien pago?
- Estaría fascinado
en un trabajo bien pago.
- Yo soy el
equivalente de un presidente regional de Productos Generales. Por favor, venga
conmigo, y discutiremos esto en otra parte.
Lo seguí hasta
una cabina de transporte. Los ojos me siguieron todo el camino. Era embarazoso
ser abordado en una tienda pública por un monstruo de dos cabezas. Tal vez el
titiritero lo sabía. Tal vez estaba probándome para ver que tan urgentemente
necesitaba yo el dinero.
Mi necesidad
era grande. Ocho meses atrás, las Líneas Nakamura habían cerrado. Por algún
tiempo antes yo había estado viviendo a lo grande, sabiendo que mi
indemnización cubriría mis deudas. Nunca vi esa indemnización. Fue una gran
quiebra, la de Líneas Nakamura. Respetables hombres de negocios de mediana edad
comenzaron a saltar por sus ventanas de hotel, sin llevar sus cinturones de
vuelo. Yo seguí gastando. Si hubiera comenzado a vivir frugalmente, mis
acreedores habrían investigado... y yo habría terminado en la prisión de
deudores.
El titiritero
marcó trece rápidos dígitos con su lengua. Un momento después estábamos en otra
parte, el aire silbó hacia fuera cuando abrí la puerta, y tragué para aclarar
mis oídos.
- Estamos en la
terraza del edificio de Productos Generales. - La rica voz de contralto
irritaba mis nervios, y debía recordarme a mí mismo que era un extrahumano el
que hablaba, no una hermosa mujer. - Deberá examinar esta nave espacial
mientras discutimos su asignación.
Caminé hacia
fuera con algo de precaución, pero no era la temporada de los vientos. La
terraza estaba a nivel del suelo. Esa es la manera en que construimos en Lo
Hicimos Nosotros. Tal vez tenga algo que ver con los vientos de dos mil
cuatrocientos kilómetros por hora en invierno y verano, cuando el eje del
planeta atraviesa su primario, Procyon. Los vientos son la única atracción
turística de nuestro planeta, y sería una vergüenza frenarlos al plantar
rascacielos en su camino. El cuadrado techo de cemento desnudo estaba rodeado
por incontables kilómetros cuadrados de desierto, no como los desiertos de
otros mundos habitados, sino una extensión absolutamente inanimada de arena
fina, clamando a gritos ser plantada con cactus ornamentales. Habíamos tratado:
el viento se llevaba las plantas.
La nave yacía
en la arena más allá de la terraza. Era un casco Nº 2 de Productos Generales:
un cilindro de cien metros de largo por seis de ancho, en punta en ambos
extremos y con una leve constricción de cintura de avispa cerca de la cola. Por
alguna razón yacía sobre su costado, con las extremidades de aterrizaje plegadas
en la cola.
¿Alguna idea de
porque todas las naves han empezado a parecerse? Al menos el noventa y cinco
por ciento de las naves de hoy son construidas basándose en uno de los cuatro
modelos de casco de Productos Generales. Es más fácil y seguro de ese modo,
pero de alguna forma todas las naves terminan como empezaron: como producidas
en masa.
Los cascos se
entregan totalmente transparentes, y usted puede usar la pintura donde lo
desee. La mayor parte de este casco en particular había sido dejado transparente.
Sólo la nariz había sido pintada, alrededor del soporte de vida. No había
grandes motores de reacción. Una serie de chorros de posición retráctiles se
habían montado en sus lados, y el casco estaba perforado con pequeños hoyos,
cuadrados y redondos, para instrumentos de observación. Podía verlos
resplandecer a través del casco.
El titiritero
se movía hacia la proa, pero algo me hizo volver hacia la popa para mirar de
cerca los soportes de aterrizaje. Estaban torcidos. Más allá del casco
transparente y curvado alguna tremenda fuerza había forzado al metal a fluir
como cera caliente, atrás y dentro de la popa puntiaguda.
- ¿Qué hizo
esto? - pregunté.
- No lo
sabemos. Deseamos intensamente averiguarlo.
- ¿Qué quiere
decir?
- ¿Ha oído
hablar de la estrella de neutrones BVS-1?
Debí pensar por
un momento.
- Primera
estrella de neutrones encontrada, y hasta ahora la única. Alguien la ubicó hace
un par de años, por desplazamiento estelar.
- BVS-1 fue
encontrada por el Instituto del Conocimiento de Jinx. Supimos por un
intermediario que el Instituto deseaba explorar la estrella. Necesitaban una
nave para hacerlo, pero no tenían el suficiente dinero. Nosotros les ofrecimos
entregarles un casco de nave, con las garantías usuales, si se avenían a
entregarnos todos los datos que obtuvieran usando nuestra nave.
- Parece justo.
- No pregunté porqué no hacían su propia exploración. Como muchos vegetarianos
inteligentes, los titiriteros creen que la discreción es la única parte del
coraje.
- Dos humanos
llamados Peter y Sonya Laskin usaron la nave. Ellos intentaban llegar a un
kilómetro y medio de la superficie en una órbita hiperbólica. En algún punto de
su viaje una fuerza desconocida aparentemente llegó a través del casco e hizo
esto en los soportes de aterrizaje. La misma fuerza desconocida parece haber
matado a los pilotos.
- Pero eso es
imposible. ¿O no?
- Ya lo verá.
Venga conmigo. - El titiritero trotó a lo largo del casco.
Lo vi, por
cierto. Nada, pero nada, puede atravesar un casco de Productos Generales. Ninguna
clase de energía electromagnética excepto la luz visible. Ninguna clase de
materia, desde la menor de las partículas subatómicas al meteoro más rápido.
Eso es lo que proclaman los avisos de la compañía, respaldados por su garantía.
Yo nunca lo había dudado, y nunca había oído de un casco de Productos Generales
siendo dañado por un arma o cualquier otra cosa.
Por otra parte,
un casco de Productos Generales es tan feo como funcional. La compañía de los
titiriteros puede ser muy dañada si se decía que algo podía atravesar uno de
los cascos de la compañía. Pero no pude ver como yo podría intervenir.
Montamos una
escalerilla en la nariz.
El sistema de
soporte vital estaba en dos compartimientos. Aquí los Laskin habían usado
pintura reflectiva de calor. En la cónica cabina de control el casco estaba
dividido en dos ventanas. Detrás, el cuarto de relajación era un reflector
plateado sin ventanas. Desde la pared trasera del cuarto de relajación corría
un tubo de acceso hacia la popa, abriéndose en varios lugares, para los
instrumentos y los motores de hiperimpulso.
Había dos
cuchetas de aceleración en la cabina de control. Ambas habían sido arrancadas
de sus soportes y aplastadas contra la proa, no mas gruesas que el papel,
aplastando el panel de instrumentos. La parte trasera de ambas estaba salpicada
de marrón óxido. Salpicaduras del mismo color estaban sobre todas las cosas,
las paredes, las ventanas, las pantallas. Era como si algo hubiera golpeado las
cuchetas por detrás: algo como una docena de globos llenos de pintura,
golpeando con tremenda fuerza.
- Eso es sangre
-, dije.
- Correcto.
Fluido circulatorio humano.
II
Veinticuatro
horas para caer.
Pasé la mayor
parte de las primeras doce en el cuarto de relajación, tratando de leer. Nada
significativo aconteció, salvo que unas pocas veces pude ver el fenómeno que
Sonya Laskin mencionó en su último informe. Cuando una estrella quedaba justo
detrás de BVS-1, un halo se formaba. BVS-1 tenía la suficiente masa para doblar
la luz a su alrededor, desplazando la mayoría de las estrellas a los costados;
pero cuando una estrella se ponía justo atrás de la de neutrones, su luz era
desplazada en todas direcciones a la vez. Resultado: un pequeño círculo que
relampagueaba una vez y se iba antes de que el ojo pudiera fijarse en el.
Yo no sabía
casi nada de estrellas de neutrones cuando el titiritero me encontró. Ahora era
un experto. Y todavía no tenía idea de lo que me esperaba cuando bajara.
Toda la materia
que Ud. puede encontrar presumiblemente será materia normal, compuesta por
núcleos de protones y neutrones rodeados por electrones en estados cuánticos de
energía. En el corazón de cualquier estrella hay una segunda clase de materia:
allí la tremenda presión es capaz de aplastar las capas de electrones. El
resultado es materia degenerada: núcleos forzados a acercarse por la presión y
la gravedad, pero mantenidos aparte por la repulsión mutua del más o menos
continuo gas de electrones. Las circunstancias correctas pueden crear un tercer
tipo de materia.
Datos: una
enana blanca quemada con una masa mayor que 1,44 veces la del sol (límite de
Chandrasekhar, llamado así por un astrónomo hindú-norteamericano del siglo XX).
En tal masa la presión de los electrones solos no es capaz de impedir que los
mismos entren a los núcleos. Los electrones chocan con los protones y forman
neutrones. En una resplandeciente explosión la mayor parte de la estrella
cambia de una masa comprimida de materia degenerada a un apretadamente
empaquetado bloque de neutrones: neutronio, teóricamente la materia mas densa
de nuestro universo. La mayor parte de la materias normal y degenerada que
queda será expulsada por el calor liberado.
Por dos semanas
la estrella producirá rayos X mientras la temperatura de su núcleo baja de
cinco mil millones de grados Kelvin a quinientos millones. Luego quedará un
cuerpo emisor de luz de un diámetro de quince a veinte kilómetros: lo más
cercano a la invisibilidad. No era extraño que BVS-1 fuera la primera estrella
de neutrones jamás encontrada.
Ni lo era que
el Instituto del Conocimiento de Jinx deseara gastar tanto tiempo y esfuerzo
observándola. Hasta que BVS-1 fue encontrada, el neutronio y las estrellas de
neutrones eran sólo teorías. El examen de una verdadera estrella de neutrones
podría ser de una tremenda importancia. Las estrellas de neutrones podrían
darnos la clave del verdadero control de la gravedad.
Masa de BVS-1:
1,3 veces la del sol, aproximadamente.
Diámetro de
BVS-1(Estimado): dieciocho kilómetros de neutronio, cubiertos por ochocientos
metros de materia degenerada, cubiertos tal vez por tres metros de materia
ordinaria.
Nada más se
sabía de la pequeña y escondida estrella hasta que los Laskin vinieron a ver.
Ahora el Instituto sabía una cosa más: el giro de la estrella.
- Una masa tan
grande puede distorsionar el espacio por su rotación -, dijo el titiritero. -
La hipérbola proyectada por los Laskin fue torcida sobre sí misma de tal modo
que pudimos deducir que el período de rotación de la estrella es de dos minutos
con veintisiete segundos.
El bar estaba
en alguna parte del edificio de Productos Generales. Yo no sabía exactamente
donde, y con las cabinas de transporte no importaba. Me quedé mirando al barman
titiritero. Naturalmente sólo un titiritero aceptaría ser servido por un
titiritero, dado que cualquier forma de vida bípeda se resentiría sabiendo que
su trago había sido hecho con la boca de alguien. De todos modos, yo había
decidido cenar en otra parte.
- Veo su
problema, - dije. - Sus ventas sufrirían si se sabe que algo puede llegar a
través de uno de sus cascos y aplastar a la tripulación hasta que sean manchas
sangrientas. ¿Pero donde entro yo?
- Deseamos
repetir el experimento de Sonya Laskin y Peter Laskin. Debemos encontrar...
- ¿Conmigo?
- Si. Debemos
encontrar eso que nuestros cascos no pueden detener. Naturalmente usted...
- Pero yo no.
- Estamos
preparados para ofrecerle un millón de estrellas.
Estuve tentado,
pero sólo por un momento.
- Olvídelo.
- Naturalmente
se le permitiría construir su propia nave, partiendo de un casco Nº 2 de Productos
Generales.
- Gracias, pero
me gustaría seguir viviendo.
- Le
disgustaría estar confinado. Se que Lo Hicimos Nosotros ha reestablecido la
prisión de deudores. Si Productos Generales hace público su estado de
cuentas...
- Espere un...
- Usted debe
dinero en un monto cercano al medio millón de estrellas. Le pagaremos a sus
acreedores cuando salga. Si regresa - debo admitir que admiré la honestidad de
la criatura por no decir «cuando» - le pagaremos el resto. Puede ser requerido
de hablar con los noticieros acerca del viaje, en cuyo caso habría más
estrellas.
- ¿Dice que yo
puedo construir mi propia nave?
- Naturalmente.
Este no es un viaje de exploración. Deseamos que regrese seguramente.
- Es un trato -
dije.
Después de
todo, el titiritero había tratado de extorsionarme. Lo que sucediera después
sería su propia falta.
Construyeron mi
nave en dos semanas justas. Empezaron con un casco Nº 2 de Productos Generales,
exactamente como el usado para la nave del Instituto del Conocimiento, y el
sistema de vida era prácticamente un duplicado del de los Laskin, pero allí
terminaba el parecido. No había instrumentos para observar estrellas de
neutrones. En su lugar, había un motor de fusión lo bastante grande para un
crucero de Jinx. En mi nave, a la que llamé Skydiver, el empuje produciría
treinta ges en su límite de seguridad. Había un cañón laser capaz de perforar
un agujero en la luna de Lo Hicimos Nosotros. Los titiriteros se habían
preocupado de que me sintiera seguro, y así me sentía, porque podía pelear y podía
correr. Especialmente podía correr.
Escuché la
última transmisión de los Laskin al menos media docena de veces. Su nave sin
nombre salió del hiperespacio a un millón y medio de kilómetros de BVS-1. La
distorsión gravitatoria les impidió acercarse más en el hiperespacio. Mientras
su esposo se movía por el tubo de acceso para un control de los instrumentos,
Sonya Laskin había llamado al Instituto del conocimiento:
- ...no podemos
verla aún, no a ojo desnudo. Pero podemos ver donde está. Cada vez que una u
otra estrella queda detrás, hay un pequeño anillo de luz. Un minuto, Peter está
listo para usar el telescopio...
Entonces la
gravedad de la estrella había cortado el enlace hiperespacial. Era lo esperado,
y nadie se preocuparía por ello. Luego, el mismo efecto debió impedirles
escapar al hiperespacio de cualquier cosa que los haya atacado.
Cuando los
supuestos rescatadores encontraron la nave, sólo las cámaras y el radar
funcionaban. No pudieron decirnos demasiado. No había una cámara en la cabina.
Pero la cámara de proa nos dio, borroso por la velocidad, un breve vislumbre de
la estrella de neutrones. Era un disco sin características, del perfecto color
de las brasas de una parrillada, si usted conoce alguien que pueda aún quemar
madera. Este objeto había sido una estrella de neutrones por mucho tiempo.
- No hay
necesidad de pintar la nave, - le dije al presidente.
- No debe hacer
semejante viaje con las paredes transparentes. Se volverá loco.
- No soy un
llanero. El espectáculo del espacio desnudo me llena de un interés suave pero
desvaneciente. Deseo saber que nada se arrastra detrás de mí.
El día antes de
salir, me senté solo en el bar de Productos Generales, dejando que el barman
titiritero me hiciera tragos con sus bocas. Lo hacía bien. Los titiriteros
estaban dispersos en el bar en parejas y tríos, con un par de humanos para
variar, pero la hora feliz no había comenzado. El lugar se sentía vacío.
Estaba
complacido conmigo mismo. Mis deudas estarían pagadas, no es que eso importara
donde iba a ir. Iba a irme sin siquiera un minicrédito a mi nombre, con nada
excepto la nave...
Con todo, había
salido bien de una mala situación. Esperaba que me gustara ser un rico exiliado
Salté cuando el
recién llegado se sentó frente a mí. Era un extranjero, un hombre de mediana
edad vistiendo un caro traje de negocios negro noche y con una barba blanco
nieve asimétrica. Dejé que mi cara se congelara y comencé a levantarme.
- Siéntese,
señor Shaeffer.
- ¿Porqué?
El me contestó
mostrándome un disco azul. Una identificación del gobierno terrestre. La miré
bien para mostrar que estaba alerta, no porque pudiera distinguir una
falsificación de la cosa real.
- Mi nombre es
Sigmund Ausfaller, - dijo el burócrata. - Deseo hablar con usted acerca de su
contrato con Productos Generales.
Asentí, sin
decir nada.
- Una grabación
de su contrato verbal nos fue enviada como procedimiento. He notado algunas
cosas interesantes en el. ¿Señor Shaeffer, usted tomará realmente semejante
riesgo por sólo quinientas mil estrellas?
- Voy a
conseguir el doble de eso.
- Pero sólo
podrá conservar la mitad. El resto irá para pagar deudas. Luego están los
impuestos... Pero no importa. Lo que se me ocurrió es que una nave espacial es
una nave espacial, y la suya está muy bien armada y tiene piernas poderosas. Un
admirable navío de combate, si usted quisiera venderlo.
- Pero no es
mío.
- Hay quienes
no preguntarían. En Canyon, por ejemplo, o el partido aislacionista de
Wunderland.
No dije nada.
- O podría
estar planeando una carrera de pirata. Un negocio riesgoso, la piratería, y no
estoy tomando el concepto en serio.
Yo ni siquiera
había pensado en la piratería. Pero en Wunderland...
- Lo que yo
quisiera decirle es esto, Sr. Shaeffer. Un solo empresario, si es lo bastante
deshonesto, puede producir un daño terrible a la reputación de todos los
humanos en todas partes. La mayor parte de las especies encuentran necesario
controlar la ética de sus propios miembros, y no somos la excepción. Se me ha
ocurrido que tal vez usted tomará su nave y no irá a la estrella de neutrones,
sino que la llevará a cualquier parte y la venderá. Los titiriteros no hacen
navíos de guerra invulnerables. Ellos son pacifistas. Su Skydiver es único.
» Entonces he
preguntado a Productos Generales si me permitirían instalar una bomba de
control remoto en el Skydiver. Como está en el interior, el casco no lo
protegerá. La he instalado esta tarde.
» ¡Queda
avisado! Si no ha informado en una semana, yo dispararé la bomba. Hay varios
mundos a una semana de vuelo hiperespacial, pero todos reconocen el dominio de
la Tierra. Si se escapa, deberá abandonar su nave en una semana, y pienso que
difícilmente aterrice en un mundo no habitable. ¿Queda claro?
- Claro.
- Si me
equivoco, puede tomar un detector de mentiras y probarlo. Entonces podrá golpearme
en la nariz, y me disculparé profusamente.
Asentí. El se
paró, giró y me dejó allí, completamente helado.
Las cámaras de
los Laskin habían tomado cuatro películas. En el tiempo que me quedaban vi cada
una de ellas varias veces, sin ver nada nuevo. Si la nave hubiese chocado con
una nube de gas, el impacto pudo haber matado a los Laskin. En el periastro se
movían al menos a la mitad de la velocidad de la luz. Pero la fricción hubiera
generado calor, y no vi ningún signo de calentamiento en las películas. Si algo
vivo los hubiera atacado, la bestia era invisible al radar y a un enorme rango
de frecuencias de luz. Si los chorros de posición se habían disparado
accidentalmente - por asirme a un imposible -, la luz no aparecía en ninguna de
las películas.
Había enormes
fuerzas magnéticas cerca de BVS-1, pero no pudieron hacer ningún daño. Ninguna
fuerza de esa clase puede atravesar un casco de Productos Generales. Ni el
calor, excepto en bandas especiales de luz irradiada, bandas visibles para al
menos uno de los clientes extraños de los titiriteros. Yo tenía malas opiniones
del casco de Productos Generales, pero todas concernían a la total anonimidad
del diseño. O tal vez yo me resentía del hecho de que Productos Generales
mantiene casi un monopolio de los cascos de nave, y no es poseída por seres
humanos. Pero si yo hubiese tenido que confiar mi vida a, por ejemplo, el yate
Sinclair que vi en la tienda, hubiera escogido la cárcel.
La cárcel era
una de mis tres alternativas. Pero yo hubiese estado allí de por vida.
Ausfaller se hubiera asegurado de ello.
O podría haber
escapado en el Skydiver. Pero ningún mundo a mi alcance me hubiese servido. Si
yo hubiera encontrado algún planeta terrestre no descubierto dentro de una
semana de Lo Hicimos Nosotros...
Mala elección.
Yo prefería BVS-1.
III
Yo pensaba que
ese círculo destellante de luz se hacía mayor, pero parpadeaba tan raramente,
que no podía estar seguro. BVS-1 no se mostraba ni en mi telescopio. Lo dejé y
me puse a esperar.
Esperando,
recordé un verano hace mucho tiempo en Jinx. Hubo días cuando, incapaces de
salir porque la falta de nubes bañaba la tierra en luz solar blanco azulada,
nos divertíamos llenando globos con agua del grifo, y dejándolos caer desde
tres pisos de altura. Hacían hermosos patrones de salpicadura, que se secaban
muy rápido. Entonces pusimos un poco de tinta en cada globo antes de llenarlo.
Así los patrones duraron.
Sonya Laskin
había estado en su silla cuando colapsó. Las muestras de sangre mostraron que
fue Peter quien las golpeó desde atrás, como un globo con agua lanzado desde
gran altura.
¿Qué pudo
llegar a través de un casco de Productos Generales?
Diez horas para
caer.
Me liberé de la
red de seguridad y salí para una inspección. El túnel de acceso tenía un metro
de ancho, lo justo para impulsarse en caída libre. Debajo de mí estaba el largo
tubo de fusión, a la izquierda, el cañón laser, a la derecha, un conjunto de
curvados tubos laterales que llevaban a los puntos de inspección de los
giróscopos, las baterías y el generador, la planta de aire, los motores de
desplazamiento hiperespacial. Todo estaba en orden, excepto yo. Yo estaba
torpe. Mis saltos eran siempre demasiado cortos o demasiado largos.
No había lugar
al final para dar la vuelta, de modo que tuve que retroceder cinco metros hasta
un tubo lateral.
Seis horas para
llegar, y todavía no podía encontrar la estrella de neutrones. Probablemente la
vería sólo por un instante, pasando a la mitad de la velocidad de la luz. Ya mi
velocidad sería enorme.
¿Las estrellas
se estaban poniendo azules?
Dos horas para
llegar, y yo estaba seguro de que se ponían azules. ¿Mi velocidad era tan alta?
Entonces las estrellas detrás de mí estarían poniéndose rojas. La maquinaria me
bloqueaba la vista por detrás, así que usé los giróscopos. La nave giró con
particular lentitud. Y las estrellas detrás de mi eran azules, no rojas. Todo
alrededor de mí había estrellas blanco azuladas.
Imagínese la
luz cayendo en un profundísimo pozo gravitatorio. No puede acelerar. La luz no
se puede mover más rápido que la luz. Pero puede ganar energía, en frecuencia.
La luz estaba cayendo sobre mí, más y más fuerte a medida que yo caía.
Le hablé al
dictáfono sobre esto. Ese dictáfono era el objeto mejor protegido de la nave.
Yo había decidido ganarme mi dinero usándolo, el mismo que esperé recibir.
Privadamente, me preguntaba cuan intensa podría llegar a ser la luz.
El Skydiver
había flotado con su eje a través de la estrella de neutrones, pero ahora
volvía a encararla. Yo pensaba que había detenido la nave en posición
transversal. Más torpeza. Usé los giróscopos. Otra vez la nave se movió
morosamente, hasta que estuvo a mitad de camino de estar de costado. Entonces
pareció caer automáticamente en posición. Era como si el Skydiver prefiriese
que su eje atravesara la estrella de neutrones.
Eso no me
gustaba.
Traté de
girarla de nuevo, y de nuevo el Skydiver volvió a su posición. Pero esta vez
había algo más. Algo tiraba de mí.
Entonces desaté
mi red de seguridad, y caí de cabeza hacia la proa.
El tirón era
leve, cerca de un décimo de ge. Se sentía mas como hundirse en miel que como
caer. Trepé de nuevo a mi silla, me até con la red, ahora colgando con la cara
hacia abajo, y conecté el dictáfono. Conté mi historia con los suficientes
detalles para que mi hipotéticos oyentes no dudaran de mi hipotética salud
mental.
- Pienso que
esto es lo que pasó con los Laskin, - terminé. - Si el tirón se incrementa,
llamaré de nuevo.
¿Pensar? Nunca
lo dudé. Este extraño, gentil tirón era inexplicable. Algo inexplicable había
matado a Peter y Sonya Laskin, descansen en paz.
Alrededor del
punto donde debía estar la estrella de neutrones, las estrellas eran como
rayitas de luz, estiradas radialmente. Brillaban con una furiosa, dolorosa luz.
Yo colgué de la red y traté de pensar.
Una hora después
estaba seguro. El tirón se incrementaba. Y todavía tenía una hora para caer.
Algo tiraba de
mí, pero no de la nave.
No, eso era una
estupidez. ¿Qué podía llegar a mí a través de un casco de Productos Generales?
Debía enfocarlo de otro modo. Algo estaba empujando a la nave fuera de su
curso.
Si eso
empeoraba, yo podía usar el empuje para compensar. Mientras, la nave estaba
siendo empujada lejos de BVS-1, lo que estaba bien para mí.
Pero si yo me
equivocaba, si la nave no estaba siendo empujada lejos de BVS-1, el motor
cohete podría enviar al Skydiver a estrellarse en diecisiete kilómetros de
neutronio.
¿Y porqué no se
había disparado el cohete? Si la nave estaba siendo empujada fuera de curso, el
piloto automático debió pelear contra ello. El acelerómetro estaba en buenas
condiciones. Lo había visto cuando hice mi gira de inspección por el tubo de
acceso.
¿Podría algo
estar empujando a la nave y al acelerómetro pero no a mí? Llegaba a la misma
imposibilidad: algo que pueda atravesar un casco de Productos Generales.
- Al diablo con
la teoría, - me dije. - Me voy de acá. - Para el dictáfono dije: - El tirón se
ha incrementado peligrosamente. Voy a tratar de alterar mi órbita.
Por supuesto,
una vez que girara la nave y usara el cohete, yo estaría agregando mi propia
aceleración a la fuerza X. Eso podría ser doloroso, pero yo lo soportaría por
un tiempo. Si llegaba a mil quinientos metros de BVS-1, yo terminaría como
Sonya Laskin.
Ella debió
haber esperado cabeza abajo en una red como la mía, esperado sin una unidad de
propulsión, esperado mientras la presión creció y la red le cortó la carne,
esperado mientras la red se rompió y la arrojó hacia la proa, para yacer herida
y rota mientras la fuerza X arrancaba las sillas de sus soportes y las arrojaba
sobre ella.
Pulsé el botón
de los giróscopos.
Los giróscopos
no fueron lo bastante fuertes para voltearme. Traté tres veces. Cada vez la
nave rotaba alrededor de cincuenta grados y se colgaba, inmóvil, mientras el
sonido de los giróscopos subía y subía. Liberada, la nave inmediatamente se
volvía a su posición. Yo iba nariz abajo a la estrella de neutrones, y me
quedaría de ese modo.
Media hora para
caer, y la fuerza X era mayor de un g. Mis senos nasales estaban en agonía. Mis
ojos estaban maduros y listos para caer. No sabía si podría sostener un
cigarrillo, pero no hice la prueba. Mi paquete de Afortunados había caído de mi
bolsillo cuando bajé a al proa. Allí estaba, un metro y medio más allá de mi
alcance, probando que la fuerza X actuaba en otros objetos aparte de mí.
Fascinante.
No podía
esperar mas. Si esto me desplomaba hacia la estrella de neutrones, debía usar
el empuje. Y lo hice. Aumenté la impulsión hasta que estuve aproximadamente en
caída libre. La sangre que se había ido a mis extremidades volvió a mi cuerpo.
El registrador del acelerómetro marcó uno coma dos g. Lo maldije por ser un
robot mentiroso.
El paquete de
cigarrillos estaba flotando en la proa, y se me ocurrió que un pequeño aumento
en el empuje podría traérmelo. Traté y el paquete flotó hacia mí; cuando traté
de alcanzarlo aceleró como si quisiera esquivar mi mano. Traté otra vez cuando
pasó junto a mi oreja, y otra vez se movía demasiado rápido. Ese paquete se
movía demasiado, considerando que yo estaba casi en caída libre. Cayó a través de
la puerta del cuarto de relajación, todavía acelerando, desvaneciéndose después
por el tubo de acceso. Segundos después oí un sólido golpe.
Pero eso era
absurdo. Aún la fuerza X tiraba sangre hacia mi rostro. Saqué mi encendedor,
estiré mi brazo y lo dejé ir. Cayó lentamente hacia la proa. Pero el paquete de
Afortunados cayó hacia popa como si lo tirara desde un edificio.
Bien.
Aumenté el
empuje de nuevo. El rumor del hidrógeno en fusión me recordó que, si trataba de
llevar esto hasta el final, podría someter al casco de Productos Generales a la
máxima de las pruebas: chocar con una estrella de neutrones a la mitad de la
velocidad de la luz. Podía verlo ahora: un casco transparente conteniendo sólo
unos pocos centímetros cúbicos de materia de estrella enana en la punta de la
nariz.
A uno coma
cuatro g, de acuerdo con el mentiroso indicador, el encendedor dejó la proa y
comenzó a flotar hacia mí. Lo dejé ir. Estaba claramente cayendo cuando cruzó
el umbral. Apagué el empuje. La pérdida de potencia me lanzó violentamente
hacia delante, pero me quedé mirando atrás. El encendedor se frenó en la
entrada del tubo de acceso. Decidió seguir adelante. Preparé mis oídos para el
sonido, luego salté cuando la nave entera sonó como un gong.
Y el
acelerómetro estaba justo en el centro de masa de la nave. De otro modo esa
misma masa lo habría enloquecido. Los titiriteros eran genios trabajando con
una exactitud de diez decimales.
Favorecí al
dictáfono con unos rápidos comentarios, luego me puse a trabajar reprogramando
el autopiloto. Afortunadamente, lo que deseaba era simple. La fuerza X seguía
siendo una fuerza X para mí, pero ahora sabía como se comportaba. Podía vivir
con eso.
Las estrellas
se veían fieramente azules, estiradas hasta líneas rectas cerca de ese punto
especial. Pensaba que ya podía verlo, muy pequeño y débil y rojo, pero pudo ser
mi imaginación. En veinte minutos estaría rodeando la estrella de neutrones. La
impulsión rugió a mi alrededor. En efectiva caída libre, desaté la red de
seguridad y me impulsé fuera de la silla.
Un suave
empujón a popa, y manos fantasmales tomaron mis piernas. Cinco kilos de fuerza
tiraban de mis dedos desde el respaldo de la silla. La presión debía caer
rápidamente. Yo había programado al autopiloto para reducir el empuje a cero durante
los próximos dos minutos. Todo lo que yo debía hacer era estar en el centro de
masa, en el tubo de acceso, cuando el impulso llegara a cero.
Algo agarraba
la nave a través de un casco de Productos Generales. ¿Una forma de vida
psicocinética atrapada en un sol de veinte kilómetros de diámetro? ¿Pero como
podría cualquier cosa viva estar en esa gravedad?
Algo podría
estar atrapado en órbita. Hay vida en el espacio: forasteros y semillas a vela,
y tal vez otros que aún no hayamos encontrado. Por lo que yo sabía, la misma
BVS-1 podía estar viva. No importaba. Yo sabía lo que trataba de hacer la
fuerza X. Trataba de partir la nave en dos.
No había tirón
en mis dedos. Me empujé a popa y aterricé en la pared trasera, sobre mis
piernas. Me arrodillé sobre la puerta mirando a la popa-abajo. Cuando llegó la
caída libre, me empujé a través de la puerta, y me encontré en el cuarto de
relajación, mirando abajo-adelante, hacia la proa.
La gravedad
había cambiado más rápido de lo que me gustaba. La fuerza X había aumentado a
medida que se acercaba la hora cero, mientras se apagaba el cohete que la
compensaba. La fuerza X trataba de partir la nave en dos; era de dos g hacia
delante en la proa, dos g hacia atrás en la popa y disminuía a cero en el
centro de masa. O eso esperaba yo. Los cigarrillos y el encendedor se habían
comportado como si la fuerza que los impulsaba hubiera aumentado con cada
centímetro que se movían hacia la popa.
La pared
trasera estaba cinco metros más allá. Debía saltar a ella con la gravedad cambiando
en medio del aire. La golpeé con mis manos y reboté. Había saltado demasiado
tarde. La región de caída libre se movía a lo largo de la nave a medida que el
impulso bajaba y me había dejado atrás. Ahora la pared trasera estaba «arriba»
para mí, y lo mismo el tubo de acceso.
Bajo algo más
de media g, salté por el tubo de acceso. Por un largo momento me quedé en medio
del tubo de un metro, parado en medio del aire y en realidad comenzando a caer
de nuevo, cuando me di cuanta de que no había nada de lo que tomarme. Entonces
pegué mis manos a las paredes del tubo y las apreté contra ellas. Era todo lo
que necesitaba. Me elevé a mi mismo y empecé a flotar.
El dictáfono
estaba a quince metros abajo, totalmente inalcanzable. Si tenía algo más que
decir a Productos Generales, debería hacerlo en persona. Tal vez tuviera la
oportunidad. Porque yo sabía cual fuerza trataba de destruir la nave.
Era la marea.
El motor estaba
apagado, y yo estaba en el centro de la nave. Mi posición de nido de águila se
estaba volviendo incómoda. Faltaban cuatro minutos para el periastro.
Algo crujió en
la cabina debajo de mi. No pude ver que había sido, pero podía ver claramente
un punto rojo brillando entre las líneas radiales azules, como una linterna en
el fondo de un pozo. Hacia los lados, entre el tubo de fusión y los tanques y
otro equipo, las estrellas azules brillaban ante mí con una luz casi violeta.
Me preocupaba mirarlas demasiado. Realmente pensé que podían cegarme.
Debía haber
cientos de gravedades en la cabina. Hasta podía sentir el cambio en la presión.
El aire era escaso a esta altura, cincuenta metros por encima del cuarto de
control.
Y ahora, casi
súbitamente, el punto rojo era mas que un punto. Mi tiempo había llegado. Un
disco rojo pasó ante mí, la nave giró; tragué saliva y cerré fuerte mis ojos.
Manos de
gigantes tomaron mis brazos, piernas y cabeza, gentilmente pero con gran
firmeza, y trataron de partirme en dos. En ese momento comprendí que Peter
Laskin había muerto de esta forma. Había hecho las mismas suposiciones que yo,
y trató de esconderse en el tubo de acceso. Pero el se resbaló... como yo me
resbalaba... Del cuarto de control llegó un múltiple quejido de metal
desgarrado. Yo traté de clavar mis pies en la dura pared del tubo. De algún
modo aguantaron.
Cuando abrí los
ojos el punto rojo se achicaba hacia la nada.
IV
El presidente
titiritero insistió en ponerme en un hospital para observación. No le discutí
la idea. Mi cara y manos se veían de un rojo llameante, con ampollas creciendo,
y me dolía como si me hubieran golpeado. Descanso y tierno cuidado amoroso, eso
era lo que yo deseaba.
Estaba flotando
entre un par de placas sómnicas, odiosamente incómodas, cuando la enfermera
vino a anunciarme una visita. Supe quien era por su peculiar expresión.
- ¿Qué puede
atravesar un casco de Productos Generales? - le pregunté.
- Esperaba que
usted me lo dijera. El presidente descansaba en su única pierna trasera,
sujetando un palo que emitía un humo aromático como de incienso verde.
- Y lo haré.
Gravedad.
- No juegue
conmigo, Beowulf Shaeffer. Este asunto es vital.
- No estoy
jugando. ¿Su mundo tiene una luna?
- Esa
información es clasificada. Los titiriteros son cobardes. Nadie sabe de donde
vienen, y nadie parece que pueda saberlo.
- ¿Usted sabe
que pasa cuando una luna se acerca demasiado a su primario?
- Se hace
pedazos.
- ¿Porqué?
- No lo sé.
- Mareas.
- ¿Qué es una
marea?
- ¡Ajá!, - me
dije a mi mismo. - Voy a tratar de explicárselo. La luna de la Tierra tiene
casi tres mil doscientos kilómetros de diámetro, y no rota respecto a la
Tierra. Quiero que se imagine dos rocas, una en el punto más cercano a la
tierra, y otra en el más lejano.
- Muy bien.
- Ahora, ¿No es
obvio que si esas rocas fueran abandonadas a si mismas, deberían alejarse la
una de la otra? Están en dos órbitas distintas, recuérdelo, órbitas
concéntricas, una casi tres mil doscientos kilómetros más lejos que la otra.
Sin embargo esas rocas son forzadas a moverse a la misma velocidad orbital.
- La exterior
se mueve más rápido.
- Buena
observación. Así que hay una fuerza que trata de partir en dos a la luna. La
gravedad la mantiene unida. Si lleva a la luna lo bastante cerca de la tierra,
y esas dos rocas simplemente se irán flotando.
- Ya veo.
Entonces esta «marea» trató de romper su nave. Fue lo bastante poderosa en el
sistema de vida de la nave del Instituto para arrancar las sillas de
aceleración de sus montajes.
- Y para
aplastar a un ser humano. Imagíneselo. La nariz de la nave estaba a once mil
metros del centro de BVS-1. La cola estaba cien metros más lejos. Abandonadas a
si mismas, habrían ido en órbitas completamente distintas. Mi cabeza y pies
trataron de hacer lo mismo cuando me acerqué lo suficiente.
- Ya veo. ¿Está
mudando?
- ¿Qué?
- Veo que está
perdiendo su tegumento en varias partes.
- Ah, eso. Tuve
una quemadura grave por exposición a la luz estelar. No es grave.
Dos cabezas se
miraron la una a la otra durante un parpadeo. ¿Un encogimiento de hombros? El
titiritero dijo:
- Hemos
depositado el residuo de su pago en el banco de Lo Hicimos Nosotros. Un tal
Sigmund Ausfaller, humano, ha congelado la cuenta hasta que se computen sus
impuestos.
- Entiendo.
- Si desea
hablar con los periodistas ahora, explicándoles que sucedió con la nave del
instituto, le pagaremos a usted diez mil estrellas. Pagaremos en efectivo para
que usted pueda hacer uso inmediatamente. Es urgente. Han habido rumores.
- Mándelos. -
como en un pensamiento posterior, agregué: - También puedo decirles que su
mundo no tiene una luna. Quedará bien como una nota al pie, en alguna parte.
- No entiendo.
- pero dos largos cuellos se habían tirado hacia atrás, y el titiritero me
miraba como un par de pitones.
- Usted sabría
qué es una marea si su mundo tuviera una luna. No podría evitarlo.
- Estaría
interesado en...
- ¿Un millón de
estrellas? Estaría fascinado. Hasta firmaría un contrato si declara que es lo
que estamos ocultando. ¿Qué se siente que lo chantajeen a usted, para variar?
FIN
Traducción y
edición electrónica de Daniel Carballo