PETER PAN HA VUELTO
Autor: Adolfo Pérez Agustí
CAPÍTULO UNO
EL COMIENZO DE UN DIA INCREÍBLE
Hace
ya muchos años, tantos que la mayoría de nosotros pensamos que nunca ocurrió,
llegó hasta una educada familia londinense un niño que poseía el maravilloso don
de no tener que crecer nunca. Ese pequeño, a quien alguien puso el nombre de
Peter, se convirtió en poco tiempo en el símbolo de todos los soñadores, de
aquellos que nunca quieren perder la magia que tiene ser niño. Poco a poco su
presencia invadió todos los hogares en donde había niños, les hizo soñar, y les
recordó que la infancia es la época más maravillosa de nuestra existencia,
especialmente si pueden realizar algún viaje al País de Nunca Jamás, esa
estrella que es la segunda a la derecha.
Y aquel día quizá hubiese
sido como todos los demás para Miguel si no hubieran coincidido dos
circunstancias: una, sus padres habían salido al cine por primera vez en diez
años dejándole sólo en casa; y dos, al ser un fin de semana nuestro amiguito no
tenía ninguna prisa en acostarse temprano. Las serias advertencias sobre, "no
abras la puerta a nadie", "cómete toda la cena", "recoge los platos" y
"acuéstate temprano", fueron pronto olvidadas en favor de su ilusión por estar a
solas con sus maravillosos personajes
Aprovechó desde los primeros
minutos su tiempo libre, el primero desde que nació, y se puso a repasar su
enorme colección de cromos y cómics, entre los que se encontraban todos los que
se habían editado en los tres últimos años y muchos más que su padre le había
regalado. Allí se podían ver revueltos a Bola de Dragón junto al Guerrero del
Antifaz, a El Hombre Enmascarado con Las Tortugas Ninja, a Superman con los
cuentos de Walt Disney, y hasta a unas reliquias de El Príncipe Valiente
compartiendo carpeta con los Powers Rangers y Pokémon. Todos constituían para
Miguel su más preciado tesoro, su mundo particular que no cambiaba por nada ni
nadie.
Tal era de intensa su imaginación que se podía pasar horas
enteras viviendo aventuras increíbles, peleando contra guerreros interestelares
portando la espada de Luke Skywalker o pegando impresionantes patadas voladoras
en busca del malvado mutante. Pero, no obstante, de entre todos estos personajes
había uno que era su héroe preferido: Peter Pan.
Su padre también
había sido un fan entusiasta de las aventuras de Peter Pan y él le introdujo en
el mundo de este pequeño personaje que no quería crecer Ahora ya sabía que Peter
se había refugiado en el País de Nunca Jamás para no ser nunca adulto y poder
así vivir eternamente su vida infantil, plagada de aventuras y compañeros
maravillosos. Miguel, en su imaginación, había viajado también numerosas veces a
Nunca Jamás, esa estrella tan brillante que las personas de poca imaginación
confundían siempre con la Estrella Polar. Pero él sabía que allí estaba el mundo
de ilusión que se describía en el cuento y que para llegar solamente necesitaba
soñar intensamente, puesto que todos los sueños se convierten en realidad si los
deseas con el corazón.
Cada noche, al menos desde que recordaba,
esa intensa luz le iluminaba sus sueños y le permitía aceptar de buen grado toda
la rutina de su vida cotidiana. Poco amante de compartir las travesuras de sus
compañeros de colegio, y deseoso de viajar en su mente por mundos más
apasionantes, se refugiaba cada tarde en su cuarto y allí era inmensamente
feliz, con su mundo creado especialmente por él y para él
Sin
embargo, esa noche iba a ser diferente.
CAPÍTULO DOS
EL ENCUENTRO
Miguel estaba
recordando, una vez más, la visita que Peter Pan había hecho a la familia
Darling y sentía cierta envidia hacia ellos porque Wendy y sus hermanos habían
conseguido ir a Nunca Jamás, aunque solamente hubiera sido por una noche. Le
habían dicho muchas veces que en la vida todo se consigue si verdaderamente uno
lo desea con el corazón y no acababa de comprender porqué él tenía que crecer y
no podía ser uno más de la pandilla de Los Niños Perdidos, para así luchar
contra los piratas del capitán Garfio.
De improviso, alguien se
sentó a los pies de su cama. Atemorizado por lo repentino de esa aparición,
Miguel se escondió entre las sábanas.
-¿Es así cómo te alegras de
verme?. Esperaba un recibimiento más alegre.
La voz del intruso
tenía algo especial. Era infantil y sonaba suavemente. Algo le decía en su
interior que no debía tener miedo y que esa voz tan melodiosa ya la había oído
muchas veces, al menos en su imaginación. Por eso, sacó la cabeza lentamente por
debajo de las sábanas y casi se desmaya cuando vio a quién tenía delante de él.
Iluminado ahora por la luz de la Luna, el misterioso personaje se le hizo
tremendamente familiar.
-¡Peter Pan! ,gritó
Miguel.
-¡Pues claro! ¿A quién esperabas ver a estas horas de la
noche?. Hay poca gente que sea capaz de entrar volando por una
ventana...
Como demostración, realizó un corto vuelo hasta la
farola de la esquina de su calle, entrando de nuevo en la habitación y posándose
suavemente en la cama.
-Pero, esto no es posible. Mi padre me dice
que solamente vives en la imaginación de los niños como yo -replicó sin
atreverse aún a acercarse al intruso-.
-Eso es porque tu padre ya
no es un niño y yo solamente puedo aparecerme a los niños. Cuando la gente crece
dejo de existir en su imaginación y nunca más me pueden
ver.
(Ahora, ya más tranquilo) -¿Vienes a quedarte
conmigo?.
(Peter sigue hablando, mientras revuelve todos los
cajones de la habitación) -Vengo a pedirte tu ayuda, ya que algo grave está
ocurriendo en Nunca Jamás.
(Convencido) -Ya lo sé: has perdido de
nuevo tu sombra.
(Riendo) -No, no; mi sombra está bien cosida a mis
pies -le replica mostrándola-.
Miguel intenta pisar la sombra de
Peter, comenzando entre los dos un divertido juego, uno tratando de pisarla y
otro escondiéndose y volando para impedirlo. Pronto la fogosidad de Miguel se
agotó y nuevamente tumbado en su cama, miró al techo mientras
comentaba:
-Cuando se lo cuente a mis amigos del colegio no se lo
van a creer. Nada menos que Peter Pan en mi casa...
Peter se acercó
hasta él y poniendo su nariz casi pegada a la de Miguel le dijo, ahora un poco
más serio:
-Pues ahí está el problema. Durante muchos años los
niños de todo el mundo me tenían como su amigo más querido y soñaban conmigo
frecuentemente. Fui interpretado en todos los teatros del mundo y hasta en las
funciones de los colegios (simula ser un actor de teatro), aunque algunas veces
con poca fortuna, la verdad. Después vino esa película de dibujos animados que
me hizo más famoso aún y así muchos niños vinieron conmigo todas las noches al
País de Nunca Jamás. Yo les sacaba de sus sueños por la noche y los devolvía al
amanecer sin que sus padres se enterasen.
-¿Cómo hiciste con Wendy,
verdad?.
-Sí y así conseguí tener muchísimos amigos con los cuales
viví aventuras maravillosas.
Peter se acercó a la ventana y miró
nostálgico la segunda estrella a la derecha. Cuando el silencio invadió la
habitación cada niño se dedicó a pensar en sus propias fantasías, aunque, de
nuevo, es Miguel quien retornó bruscamente a la realidad.
-¿Y qué
ha sido del Capitán Garfio?.
-Sigue allí peleando con el cocodrilo
y tratando de hacer un buen marino del Sr. Smee. De vez en cuando intenta
cortarme la cabeza con su oxidada espada, pero acaba agotado enseguida. Ya no es
tan joven como antes.
-Pero si todo sigue igual, ¿cuál es ese
problema tan grave que tienes?
-Pues que los niños ya no creen en
mí y piensan que soy solamente un producto de la imaginación de un escritor. Es
más, la mayoría de vosotros ni siquiera habéis oído hablar nunca de mí. Ahora ya
nadie cuenta cuentos.
-Pero yo sí creo en ti...
-Un
niño solo no basta. Mi razón de ser sois vosotros, los niños. Vuestra ilusión de
viajar al País de Nunca Jamás me mantiene vivo en vuestras mentes, pero si nadie
cree en mí dejaré de existir. Me aburriré pronto en mi estrella, dejaré de
pelear con Garfio, los Niños Perdidos se pondrán gordos de no hacer ejercicio y
al final tendré que volver a La Tierra para crecer.
- ¡Pero eso
sería horrible!
-Bueno, no tanto. Todos los niños crecéis algún
día.
-Pero eso sería como matarte. No lo puedo
permitir.
-Pues la única solución es que me ayudes a que los niños
vuelvan a creer en mí, así todas las noches me podré llevar algún niño al País
de Nunca Jamás y vivir juntos grandes aventuras.
-Bueno, pues eso
es fácil. El lunes te vienes conmigo al colegio y allí todos mis compañeros te
reconocerán enseguida y volverán a soñar contigo todas las noches. También
puedes esperar a que lleguen mis padres y te ayuden.
-No pidas
ayuda a tus padres. Mi existencia se debe solamente a la imaginación de los
niños. Los adultos no admiten que pueda existir.
-Mientras
esperamos que se haga de día ¿podemos volar como hiciste con Wendy y sus
hermanos?.
-Bueno, eso es fácil. Siempre llevo conmigo un poco de
polvo de hada para los humanos. Ya sabes como se hace el
resto.
-Sí, sí. Debo pensar en algo bello y hermoso, algo
encantador como las vacaciones, la Navidad o las caricias de mamá. ¡ Venga,
venga! No perdamos tiempo.
-¡A volaar!
CAPÍTULO TRES
LLEGADA A NUNCA JAMÁS
Y así, como
tantas veces le habían contado, Miguel salió por la ventana al lado de Peter
Pan, surcando los cielos de su ciudad. Allí, a lo lejos, estaba la estrella más
maravillosa de todas; justo la segunda a la derecha.
-¿Vamos a ir
ahora a Nunca Jamás?.
-No sé, tenemos poco tiempo. Está algo lejos
y llegaríamos al amanecer. Nuestra misión es muy importante y la debemos
resolver en solamente un día. Si paso más de un día seguido en La Tierra
empezaré a crecer y no podré volver a Nunca Jamás.
-¿Solamente
tenemos un día para convencer a los niños que existes? Eso es muy
difícil.
-Pues si no lo conseguimos, pasado mañana todo se habrá
acabado. Ya no podré volar nunca más y quizá pronto sea un niño gordo y bravucón
que suspende todas las asignaturas.
-Pero es que mañana es domingo
y no hay colegio. Podíamos aprovechar entonces y que hoy me llevases a jugar
contigo a Nunca jamás.
-No sé. Si tenemos algún problema allí quizá
no regresemos a tiempo. Pero bueno, ya que me vas a ayudar será mejor que
conozcas de verdad aquello que se van a perder los niños del mundo si dejan de
creer en mí.
Cual si de dos pájaros se tratase, nuestros dos amigos
surcaron velozmente los cielos de su ciudad, muy por encima de las nubes, rumbo
a la segunda estrella de la derecha; la más brillante de todas.
Y
así, mientras iban cantando las canciones que tantas veces habían sonado en las
voces de las mamás, fueron pasando las horas y con ellas llegó el amanecer,
justo cuando aterrizaron sin problemas en un frondoso
bosque.
-¿Vamos a ver a los Niños Perdidos?.
-No. Creo
que es mejor que conozcas algunos lugares mucho más interesantes y que aún no he
mostrado a ningún niño. Iremos al Bosque de las Brujas.
-¿Son
malas?
-Pues como todas las brujas. Les gusta comer a los niños o
convertirles en animales asquerosos. Una vez, a uno de los niños perdidos le
convirtieron en un sapo verde y le tuvieron así dos semanas.
-¿Y a
ti nunca te hicieron nada?.
-Es que no me dejo engañar por ellas.
Como escucho tantos cuentos cada vez que voy a La Tierra, conozco todos sus
trucos y disfraces. Hay una manera segura de saber si estás hablando con una
bruja o no y es dándola un beso. No lo pueden soportar y se ponen a dar gritos
enseguida. Ven, te llevaré a verlas, aunque procura que no te oigan.
CAPÍTULO CUATRO
LAS BRUJAS DEL
BOSQUE
Adentrándose cada vez más en la espesura de un bosque
sumamente oscuro, Peter Pan y Miguel llegaron a un pequeño claro en el cual
había una hoguera y numerosas y horrendas brujas bailando alrededor. A partir de
entonces nuestros amigos tenían que hablar muy bajito para no ser
oídos.
-¿Para qué bailan alrededor de la
hoguera?.
-Eso les da fuerza y así con sus cantos logran, además,
atraer a inocentes animales. Las ardillas y los búhos son sus presas preferidas,
además de los niños. ¡Mira!. Ya han cogido a una
ardilla.
-Pobrecita. ¿Y qué van a hacer con
ella?.
-Comérsela, aunque a veces cuando no tienen hambre se la dan
a comer a las culebras. Esa infeliz ardilla acabará en la boca de la más fea de
todas.
-¡No la dejare!.
El grito desesperado de Miguel
fue tan grande que las brujas dejaron de bailar inmediatamente, mientras miraban
alrededor.
-Aquí hay un niño escondido -dijeron-. Vamos a buscarle
y tendremos una cena especial esta noche.
Con gran rapidez cogieron
sus escobas y surcaron los alrededores. Sus amigos los murciélagos las ayudaron
en la búsqueda y enseguida rodearon a Peter Pan y a Miguel.
-Vaya,
vaya -dijo la que parecía ser la jefa- ya tenemos aquí de nuevo a ese guapito
niño volador. ¿Y que nos trae con él?. Un precioso y bien alimentado niño que
nos servirá de postre esta noche. ¡Cogerles!.
La rapidez de las
brujas fue tal que Miguel apenas consiguió dar unos pasos antes de caer en sus
garras. Sin embargo, Peter Pan emprendió el vuelo y consiguió evitar ser cogido.
Realizando acrobacias en el aire y utilizando ramas de los árboles, se libró de
todas las brujas que querían alcanzarle, al mismo tiempo que se burlaba de
ellas.
-Sois más feas que una cucaracha aplastada, las decía para
provocarlas. Y ahora soltar a mi amigo si no queréis que me
enfade.
Pero su amigo había sido puesto ya a buen recaudo por las
otras brujas y permanecía encerrado y amordazado en una oscura y camuflada
cueva. Por más que Peter le buscó, no encontró rastro ni de él ni de las brujas.
La noche cerrada le impedía ver nada.
Los árboles de los
alrededores se empezaron a mover amenazantes y su afiladas ramas arañaban las
piernas de Peter. Al mismo tiempo, bandadas de murciélagos le intentaban morder
y una espesa niebla le impedía ver por dónde debía ir. Por fortuna, una débil
luz oculta entre las ramas de un árbol le sirvió de guía y velozmente se fue
hacia ella. Seguramente sería un hada oculta. Cuando llegó al árbol,
efectivamente vio a una hermosa hada que le llamaba.
-Ven, Peter.
Escóndete aquí.
Velozmente, se introdujo Peter Pan en el árbol,
mientras el hada le abrazaba fuertemente Pero tan fuertemente lo hacía que le
empezó a hacer daño.
-¡Estate quieta, no aprietes
tanto!.
-Es que me gustas mucho. Déjame que te abrace con más
fuerza.
El abrazo amoroso fue haciéndose cada vez más intenso,
hasta el punto en que Peter apenas podía respirar. En ese instante miró la boca
de la hermosa hada y pudo ver dentro de ella al mismísimo
infierno.
- ¡Eres una bruja! gritó aterrorizado, mientras intentaba
librarse de ella.
Forcejeando ambos, ella para comerle y él para
librase del abrazo mortal, recordó que a las brujas no les gustaba ser besadas y
venciendo su miedo la dio un enorme beso en la mejilla. Al recibirlo, la bruja
dio un espantoso grito, mientras perdía al mismo tiempo su condición de bella
mujer, transformándose de nuevo en una fea, vieja y verrugosa bruja. Eso le
permitió a Peter librarse del abrazo y haciéndola cosquillas en todo el cuerpo
logró que se fuera volando con su escoba, chocando con todos los árboles del
bosque.
-¡Uf!. De la que me he librado. Ahora debo ir rápidamente a
buscar a Miguel, antes que se lo coman de postre.
Mientras esto
ocurría, Miguel estaba viviendo el momento más angustioso de su vida. Tres
pequeñas y feas brujas se empeñaban en quedarse con él, mientras la madre les
decía que no lo estropeasen mucho porque sería la cena de esa
noche.
-¡El niño es mío! -decían las pequeñas arpías, mientras
tiraban con fuerza de sus brazos y piernas
-Basta ya de jugar
con el humano, niñas. Ya sé lo que podéis a hacer. Vais a practicar con él las
artes de la brujería.
-¿Qué debemos hacer?.
-Escuchar:
para ser unas buenas brujas tenéis que saber dos cosas muy importantes: una,
volar con la escoba sin caeros; y otra, convertir a los humanos en cualquier
bicho que queráis. Así que empezar una por una a convertir en algún horrible
animal a este niño. La que mejor lo haga le daré de postre su
cabeza.
La cabeza de Miguel fue lo que más tembló al oír estas
palabras y gritando con fuerza llamó a Peter Pan pidiendo
auxilio
Al oírle, la mamá bruja le señaló con sus afilados dedos
mientras decía: "Para aquí, para allá, sin habla te quedarás".
Como
si le hubiesen puesto un fuerte pañuelo en la boca, la voz de Miguel enmudeció
inmediatamente y por más esfuerzos que hacía para aclararse la voz y gritar,
apenas salía de sus labios un débil ¡ay! pero tan débil que nadie, ni siquiera
él, lo podía escuchar.
-Bueno, niñas, empezar ya con los
sortilegios.
Una de las niñas señaló al aterrorizado Miguel con sus
dedos, al mismo tiempo que decía:
-"Para aquí, para allá, en un
cordero te convertirás".
Dando una espectacular voltereta en el
aire, el pobrecito Miguel vio asombrado cómo sus dos piernas se transformaban en
dos patas, pero no de cordero precisamente, sino de avestruz. Era obvio que la
pequeña bruja se había equivocado.
-¡Pero mira que eres tonta,
niña! -gritó la madre- ni siquiera eres capaz de hacer bien un pequeño
sortilegio. Inténtalo tú ahora.
Deshecho el encantamiento por la
experta madre y de nuevo Miguel con su figura humana, intentó echar a correr
hacia la puerta, mientras la segunda niña decía:
- "Para aquí, para
allá, en sapo te convertirás".
Como si hubiera encontrado un muro
invisible, Miguel vio detenida en seco su veloz carrera, mientras notaba que se
empezaba a elevar del suelo. Dos grandes alas le habían salido en la espalda,
mientras la nariz se le afilaba poco a poco.
-¡Un águila!. Eres más
tonta todavía que tu hermana. Como sigáis así no os dejaré jugar nunca más con
ningún humano. Tenéis que concentraros cuando hacéis el sortilegio y pensar en
algo horrible, como por ejemplo en lavaros la cara con jabón o en cambiaros de
ropa de vez en cuando.
-Pero mamá, es que pensar en lavarnos es
algo horroroso...
-Pues la que no sea capaz de hacer un buen
sortilegio que deje de jugar con el niño.
Mientras hablaban, Miguel
había intentado volar hasta la ventana y escapar por allí, pero un rayo lanzado
por la bruja madre le interrumpió su huida, al mismo tiempo que le
advertía:
-Si vuelves a intentar escapar seré yo la que te haga el
encantamiento y entonces te convertiré en un moco verde y te meteré para toda la
vida en mi nariz. ¡A ver!. ¿A quién le toca ahora intentar el
encantamiento?.
-¡A mí! -dijo la última niña- Y esta vez estoy
segura de no equivocarme. Pero no os voy a decir en que animal le voy a
convertir, aunque seguro que os gustará.
Con gran sigilo se acercó
a Miguel y mientras le señalaba con sus dedos le dijo:
-Esta vez no
fallaré, pequeño humano. Me concentraré bien, pensaré en algo tan asqueroso como
es un día de sol en la playa y diré: "Por aquí, por allí, en elefante te
convertí".
Pues algo debió resultar bien esta vez, ya que un enorme
elefante, de más de cinco metros de altura, suplantó al pequeño
Miguel.
-¡Hurra, lo conseguí! -gritó la pequeña
bruja-
Apenas hubo terminado de pronunciar estas palabras y una de
las patas del elefante la espachurró contra el suelo. Sus asombradas hermanas
aún no habían salido de su asombro, cuando el tremendo culo del elefante se
sentó encima de ellas, convirtiéndolas en poco más que una hamburguesa. La
cólera de la madre fue ganando en intensidad a medida en que estas cosas
ocurrían y rugiendo con voz estruendosa le gritó a Miguel, o sea, al
elefante:
-Niño asqueroso, me has matado a mis tres hermosas niñas.
Te voy hacer tantos sortilegios juntos que lamentarás haber nacido. "Por aquí,
por allí, en niño te convertí".
El enorme elefante desapareció
instantáneamente y un aterrorizado Miguel se escondió debajo de la mesa. La mamá
bruja se acercó a él roja de ira, mientras parecía mayor que nunca. Extendiendo
sus manos hacia el niño y mientras la cueva entera era sacudida por un
terremoto, la bruja gritó:
-¡Fuerzas del Averno, demonios de todo
el mundo, Satanás y Belcebú, culebras, sapos y serpientes, dadme todo el poder
que podáis para transformar a este niño en el ser más repulsivo de todos los
tiempos!.
La mano de la bruja empezó a crecer, se iluminó
totalmente, mientras un rayo partía hacia el pobrecito niño. De repente y sin
que nadie lo notase, la veloz figura de Peter Pan entró en la cueva y cogiendo
al niño entre sus brazos lo sacó volando de allí, mientras el terrible rayo de
la bruja se estrellaba contra la pared de la cueva. Tan grande era su poder que
se escuchó una fuerte explosión y la cueva entera explotó, mientras nuestros dos
amigos emprendían el vuelo hacia un lugar más seguro.
-¡Uf!. Por
poco no lo cuentas -dijo Peter Pan-.
-Creo que ahora necesito algo
de descanso –asistió suspirando el niño-
-Tengo una idea. Te
llevaré al País de las Hadas. Allí fue donde conocí a Campanilla y siempre que
necesito un poco de descanso acudo a ellas. Al igual que las sirenas, son
guapísimas y saben muchos juegos. ¡Ven!, sígueme.
CAPÍTULO CINCO
LAS HADAS DEL BOSQUE
Y de nuevo
Miguel surcó los aires velozmente, aunque ahora procuraba no perder de vista a
Peter, ya que la luz del amanecer era aún muy tenue y temía perderse. Y así, las
tenebrosas tinieblas de la morada de las brujas dio paso a los colores más
extraordinarios y hasta los árboles parecían más verdes y
grandes.
Descendiendo ambos en dirección a una zona donde la luz
brillaba con más esplendor, llegaron a un pequeño claro en el bosque en el que
las flores más hermosas les rodeaban.
-Parece como si quisieran
hablarme. Hasta creo que me acarician al pasar –comentó entusiasmado
Miguel-
-Es que estás en el País de las Hadas y aquí todo es
posible. Solamente debes pedir un deseo a cualquiera de las hadas y se hará
realidad. Así de sencillo.
-¿Y dónde están ahora?.
La
pregunta sorprendió también a Peter, el cual miró a su alrededor
extrañado.
-Es cierto. Normalmente a estas horas estarían
revoloteando entre los árboles y jugando. Seguro que se han escondido para
gastarnos alguna broma.
Pero los minutos pasaban y el silencio era
total. Allí nada parecía denotar la presencia de tan alegres seres. La soledad
del lugar comenzaba a ser sobrecogedora y Peter y Miguel asustados se fueron
escondiendo poco a poco entre los árboles.
-Algo malo las tiene que
haber ocurrido, quizá una enfermedad grave. Vamos a la casa de la
reina.
No tuvo tiempo de empezar a volar, cuando una voz infantil
la sobresaltó.
-¡Cuidado, Peter!, casi me
pisas.
Detrás de él, justo a la altura de su zapato, una diminuta
hada le sujetaba el pie que casi estaba a punto de
aplastarla.
-¿Pero que haces aquí?. ¿Por qué te
escondes?.
-¡Ay, Peter¡ por que tenemos miedo de que vuelva y nos
coma a todas.
-¿Quién os va a comer?.
-El cocodrilo
que comió la mano de Garfio. Ya no tiene apenas comida en su guarida y espera
que estemos desprevenidas para caer sobre nosotras y comernos. Ha sido horrible.
Llevamos ya siete días escondidas, sin que apenas podamos salir a comer y muchas
de nosotras han muerto ya en su enorme boca.
-Pero vosotras podéis
volar...
-Es inútil. Aprovecha que estamos comiendo el polen de las
flores, cuando no le podemos ver, y nos atrapa. La reina fue pisada por una de
sus patas y está muy enferma. Necesitaríamos algunas raíces que tenemos dentro
del árbol que nos sirve de despensa, pero es allí donde ha montado guardia el
cocodrilo.
-¿Y vuestros poderes?. ¿Por qué no le convertís en una
mariposa inofensiva?.
-Pero es que nuestros poderes solamente
surten efecto en las personas que creen en las hadas, como los
humanos.
-No te preocupes, yo os ayudaré.
Elevándose
por encima de la copa de los árboles, Peter se fue hacia el árbol mayor de
todos, donde estaba escondido el hambriento cocodrilo. Llegó por detrás y una
vez en el suelo fue sigilosamente hacia la puerta. Allí no parecía haber ningún
cocodrilo y el silencio más absoluto dominaba el ambiente.
Entró
dentro del árbol, bajó las escaleras que conducían a los dormitorios y después
de mirar por todos los rincones llegó a la conclusión de que el cocodrilo ya no
estaba. Contento con ello, salió de nuevo y gritando dijo:
-¡Venir,
el cocodrilo ya...!.
No pudo acabar la frase ya que una enorme boca
se lo tragó entero. El cocodrilo le había estado acechando desde que llegó y
ahora Peter se encontraba dentro de su oscura y enorme barriga. Antes de que
tuviera tiempo de reaccionar, el animal emprendió veloz el camino hasta el mar y
se sumergió en las oscuras aguas hasta que llegó a su guarida, una húmeda y
sucia cueva llena de huesos de todo tipo.
Allí y satisfecho con la
comida tan sabrosa que acababa de ingerir, se sumió en una plácida siesta
dispuesto a hacer la digestión, no sin antes rascarse con deleite la barriga y
relamerse de gusto.
Peter, entre tanto, seguía buscando la manera
más rápida de salir de esa trampa mortal, pero todos sus intentos de escapar a
través de los afilados dientes eran inútiles. El cocodrilo cerraba con más
fuerza sus mandíbulas y en uno de sus intentos de huida hasta perdió parte de su
traje y sufrió un corte en un pie.
-Este animal me ha confundido
con un estofado de cordero y si no salgo pronto de aquí moriré ahogado en este
pestilente líquido.
Una idea le vino rápidamente a su mente y
revolviendo entre sus ropas encontró su saquito de polvo de hada. Puso un poco
en su mano y soplando con fuerza consiguió que saliera a través de la nariz del
cocodrilo. Y cual si fuera polvo de rapé, las cosquillas y el picor que sintió
el animal fueron tan intensas que estornudó estrepitosamente y con el moco salió
al exterior un sucio y mojado Peter Pan.
Furioso el cocodrilo
porque su presa se le escapaba, corrió rápido a engullirle de nuevo, pero ahora
Peter ya estaba preparado y saltó a un lado, justo cuando las mandíbulas del
cocodrilo se cerraban con fuerza. Tal fue el impacto en su boca, que todos los
dientes se le rompieron y se esparcieron por el suelo. Ahora, el temible
cocodrilo era poco más que un enorme lagarto sin capacidad de hacer
daño.
Y así, mientras Peter Pan se reía sin parar por el aspecto
tan lastimoso que ofrecía el cocodrilo, el animal se marchó de nuevo,
sumergiéndose en las aguas y perdiéndose en la lejanía.
Regresó
Peter al País de las Hadas y allí fue besuqueado mil veces por sus diminutas
habitantes, mientras Miguel le decía que ya era hora de regresar a La Tierra.
Las horas pasaban sin cesar y los primeros rayos del sol le indicaban que no
podían perder tiempo con fiestas.
CAPÍTULO SEIS
EL RETORNO
De nuevo, pues, surcaron
los cielos y llegaron a casa de Miguel justo cuando su madre entraba en la
habitación para despertarle.
-¿Ya estás levantado?. Bueno, baja a
desayunar que se nos hace tarde.
Esta vez el desayuno desapareció
con bastante más rapidez en la boca de Miguel que lo habitual y pronto estaban
ya de camino al colegio, siendo seguidos a corta distancia por Peter Pan. Se
despidieron madre e hijo y al poco tiempo se encontraban ya ambos niños en la
clase, sentados en el mismo pupitre. La idea de ambos era presentarle como un
amigo que había venido desde fuera a pasar unos días a su
ciudad.
Aunque algunos compañeros de Miguel miraban a Peter con
interés, ninguno le reconoció ni se extrañó de su vestimenta, salvo uno que le
confundió con Robin Hood. Esto molestó sobremanera a Peter, el cual se levantó
para marcharse de allí si no hubiera llegado la profesora en ese mismo
momento.
-¿Tú eres nuevo aquí, verdad?.
-Sí, señorita
-dijo Miguel- es mi amigo Peter Pan.
-Estupendo, no alborotéis
mucho.
Estaba claro que la profesora no había oído hablar nunca de
Peter Pan, lo que provocó nuevas iras en el muchacho, el cual interrumpió la
clase sin cesar haciendo toda clase de preguntas, algunas tan increíbles que
motivaron la risa de todos sus compañeros. Aún así, nadie parecía reconocerle y
pronto el alboroto fue tal que Peter fue expulsado de la clase y tuvo que salir
al pasillo
Llegó el recreo y como su popularidad iba en aumento,
muchos niños llegaron hasta él y le hicieron mil preguntas, pidiéndole que si en
verdad era ese personaje llamado Peter Pan, poseedor del don de volar, hiciera
una demostración ante ellos.
Para desgracia de Peter, ni siquiera
el polvo de hada le sirvió de nada y todos los intentos que hizo para volar
fueron inútiles, acabando una y otra vez en el suelo. La causa era bien
sencilla: si nadie creía en él sus poderes tampoco existían. Magullado por las
caídas y sumamente triste, Peter se incorporó a la clase de nuevo, ahora en
absoluto silencio esperando pacientemente a que
finalizara.
Después, ambos amigos se fueron a casa de Miguel y allí
las cosas no mejoraron. La madre dijo que ese niño debía regresar a casa de sus
padres porque le estarían esperando y a pesar de las protestas de Miguel, Peter
se encontró enseguida en la calle, solo, sentado en la acera sin saber qué
hacer. Si volvía a Nunca Jamás el final de su bello sueño llegaría pronto y si
se quedaba aquí sin conseguir su propósito de ser popular, ni siquiera tenía
casa donde vivir.
En ese momento pasó por su lado un coche de
policía, cuyos agentes se quedaron extrañados de ver a un niño solo, llorando y
vistiendo tan extrañas ropas. Se bajaron del coche y le preguntaron si le pasaba
algo. Una luz brilló en la cara de Peter, el cual se dio cuenta que esa era su
gran oportunidad. Les explicó quién era y lo que pretendía, pero por toda
respuesta le metieron en el coche patrulla y le llevaron a la comisaría. Allí le
hicieron mil preguntas sobre cuál era su verdadero nombre, quiénes eran sus
padres, donde vivía, pero ante las respuestas tan extraordinarias que oían
optaron por indagar por otros medios.
CAPÍTULO SIETE
LA TELEVISIÓN
Y allí estaba de nuevo
Peter Pan, meditabundo, desalentado y sin saber qué hacer, cuando un periodista
se fijó en él y enseguida puso un interés especial en saber cuál era la
verdadera historia de ese niño que tenía respuestas increíbles para todo lo que
le preguntaban. Peter le contó toda su historia y la necesidad imperiosa que
tenía para que la gente creyera de nuevo en él. Si no lo lograba debería
abandonar Nunca Jamás, volver a la Tierra y crecer como un niño más,
desapareciendo así el país de Nunca Jamás con todos sus
habitantes.
Algo debió ver en él este periodista, ya que habló con
la policía y les convenció de que la mejor manera de saber todo sobre el niño
era llevarle ante las cámaras de la televisión para que alguien le pudiera
reconocer.
Rápidamente Peter fue presentado en un programa para
niños marginales, con problemas, con un éxito tal que pronto tuvo a todo el país
interesado en ese peculiar y maravilloso niño.
El locutor, una vez
que le presentó, continuó así su entrevista:
-¿En verdad te llamas
Peter Pan y vienes de un lugar llamado Nunca Jamás?.
-Sí y es el
sitio más maravilloso del mundo, en donde los niños nunca crecen y solamente
juegan, comen lo que quieren y no tienen que obedecer a los
adultos.
-¿No vais al colegio?.
-Allí no hay colegio.
¿Para qué queremos estudiar?.
-Bueno, sino estudiáis ahora cuando
seáis mayores no podréis trabajar en ningún sitio y pasaréis
hambre.
-Es que en Nunca Jamás no se crece nunca y el único trabajo
que hacemos en divertirnos.
-¿Y como conseguís comida todos los
días?.
-Pues nos sentamos a la mesa y cada uno se imagina lo que
quiere comer y enseguida aparece un enorme plato delante de él. Es muy divertido
porque cada uno pone la comida del color que quiere y la adorna de muchas
maneras. A mí, por ejemplo, me gusta mucho los pasteles de crema de color rojo y
con mucha salsa de lagartija.
-¿Pero no os duele la tripa con esas
comidas tan raras?.
-A veces, pero entonces las hadas nos curan
contándonos cuentos y cantándonos bonitas canciones.
-¿Pero toda la
vida la pasáis así?.
-Es estupenda, ¿verdad?.
-¿No te
gusta cómo viven los niños aquí en la Tierra?.
-Me gusta cuando
juegan con sus papás, cuando sus mamás les acarician o cuando van al campo. Pero
también he visto muchos niños tristes que ni siquiera tienen bonitos
sueños.
-¿Los sueños son importantes en los
niños?.
-Son lo más importante. Cuando un niño sueña vive en el
mundo que desea y es totalmente feliz en ese momento. Si sueña por la noche se
levantará feliz por haber vivido alguna aventura maravillosa.
-Pero
al despertarse todo sigue igual y quizá le cause aún más pena.
-Los
mayores también buscáis olvidaros de vuestra aburrida vida continuamente. Veis
películas que no son reales y durante ese tiempo os olvidáis del mundo de fuera
pues habéis sido felices viviendo una aventura imaginaria. Otros se olvidan de
sus problemas acudiendo al fútbol, al baile o paseando por el bosque. Si no lo
hicierais así y os alejaseis durante algún tiempo de la vida real, estaríais
siempre tristes.
-¿Crees que soñar es la mejor manera de ser
feliz?.
-Los niños que vienen todas las noches al País de Nunca
Jamás conmigo son muy felices y cuando regresan no saben si ha sido un sueño o
realidad, pero han vivido unas horas totalmente llenas de alegría, sin dolor y
preocupaciones.
-¿No crees que es mejor vivir la realidad, aunque
no sea bonita?.
-Es que así la gente puede estar siempre triste. No
hay nada de malo imaginarse de vez en cuando el mundo que nos gustaría vivir, la
comida que nos agradaría comer o los amigos que quisiéramos tener. Eso hace que
durante el tiempo que pasemos soñando o imaginando seamos felices. No hay razón
para estar todo el día renegando de la vida tan aburrida que
tenemos.
-Pero al no tener fantasías quizá luchemos más por mejorar
nuestra vida aburrida.
-Es que los sueños no duran todo el día. Hay
tiempo para todo, para trabajar, estudiar, comer y divertirse. La imaginación
hace que las personas y especialmente los niños, logren en su interior vivir
como realmente les gustaría y eso les hace mejores y más sanos. Un niño que sea
un soñador será un niño sensible, tranquilo y con deseos de lograr que su mundo
real se aproxime al soñado.
-¿Y tú puedes ayudar a todos los niños
a crecer más felices?.
-Yo he sido durante muchos años el personaje
más querido por los niños y miles de ellos han disfrutado mucho conmigo en Nunca
Jamás por las noches. Sus sueños han sido maravillosos y a la mañana siguiente
acudían contentos al colegio porque habían vivido esa noche una aventura
increíble. Si yo y mi estrella desaparecemos, acabará para siempre el más bello
sueño.
CAPÍTULO OCHO
EL REGRESO A NUNCA JAMÁS
Peter Pan
siguió hablando y lo que parecía más increíble estaba sucediendo. Todo el mundo
en el estudio empezó a recordar las fantasías de su niñez y que en ellas hubo en
muchas ocasiones espacio para ese niño que no quería crecer. De todo el país se
recibieron llamadas telefónicas de adultos enternecidos por ese bello cuento y
muchos aseguraron que habían viajado en una ocasión a Nunca Jamás gracias a
Peter Pan.
Aunque los recuerdos de la niñez estaban quizá lejos, la
llegada de Peter a la televisión les sacudió en sus más antiguos pensamientos y
pronto el estudio se llenó de lágrimas de adulto. Recordaron sus años
infantiles, al Capitán Garfio, a Campanilla y a la feliz familia Darling que
viajó con Peter Pan por los aires de Londres gracias al polvo de hada y a un
bello pensamiento.
La gente salió a las librerías a comprar cuánto
hubiera publicado sobre tan bella historia y aunque no creían que ese
inteligente muchacho fuera realmente quien decía que era, la historia de Peter
Pan volvió a la mente de todos, especialmente de los niños.
Y en
ese momento, cuando el estudio de televisión era preso de un alboroto total,
Peter Pan comenzó a volar de nuevo, gracias a que la gente volvía a creer en él.
Ante la mirada atónita de todos, se elevó por los aires y sin darles tiempo a
reaccionar salió por la ventana y emprendió veloz y feliz el regreso a Nunca
jamás. Abajo, en la Tierra, miles de personas lloraban de alegría y se prometían
que jamás dejarían de soñar.