Oratorio para Observador, Hombre Exhausto y Coro de Astronautas por Andrés Recasens Parte I: Introducción Observador Hoy saliva la noche los senos de las ruinas con su lengua de niebla amarillenta; faroles fingiendo estrellas asesinaron jazmines fatigados de abrazarse a la misma tapia gris y originarse en cunas de hojalata. En las terrazas gozó su libertad la multitud de antenas trenzando frescas horas con su madeja de lluvia; y dentro de la colmena humana, en la penumbra inmóviles, siluetas fascinadas delante de las pantallas castraron su diario acontecer renunciando a sus historias personales. Hoy el aire se asfixia con tufos de átomo expandido, puñal desenvainado por el orgullo suicida. Hay una inquietud de astros y más de un sol golpea las puertas de la aurora, anunciando que el mar vuelve por sus fueros. Hoy la fiebre recorre las venas de la tierra con espasmos de metal virgen y clamor de cordilleras. Hay un desvarío de labios en la garganta de un cauce seco, pues el río prefirió extinguirse en un lecho de lodo, y tiembla el sauce prisionero en su jaula de ramas negras, y se pudre inútil la semilla en su sepultura de roca, y solloza el polen en la fiereza del pedregal sombrío. Huye la pradera hacia las cimas en un desastre de pétalos y hojas, y gimen su martirio las alas en las fauces del viento, y enloquece el ganado de ubres llenas suplicando hocicos, y el espantapájaros llama moscas a un festín de bestias muertas. No escondieron los últimos piratas tesoros de bajeles despojados, no fueron joyas ni doblones los caudales entregados al secreto de las aguas; eran residuos radiactivos que escapaban de los cofres en las grutas abisales. Hoy en hombros de las ondas lleva el mar su cortejo de difuntos, y en la arena se encarroñan centelleando las escamas. Hay una maldición de océanos y ruge a carga el estruendo de las olas, tambores de un ejército alienado que juró vengarse. Hoy la humanidad aúlla entre tinieblas con terror de liebre acosada de colmillos; y a un lado boquea el tiempo como un pez en su horca de algas. Alguien ejecuta una danza de miembros rotos en un contrapunto de truenos y silencios, semejando un solo de violín ajusticiado por un fragor de timbales. Alguien gira vacilante perturbando la última contienda que libran las hormigas rojas contra las hormigas negras. Alguien se desploma boca abajo besando la tierra; quién eres, de dónde vienes? eres el rebelde que porta su postrer bomba, el propio cuerpo exhausto, o el marginal que eligió cerrar el telón de esta tragedia? Parte II: La Peste Observador Quién eres, de dónde vienes? era acaso la miseria el corcel en que llegaste? Víctima de la ansiedad del hombre por escalar nubes, tenaz hacia arriba prendido a la soberbia vertical desde un principio, torres y pirámides, arrogancia tenida de pie sobre los hombres nacidos de vientres latigados, a los que el sol miró siempre las humilladas nucas y la sumisión de sus espaldas. La desnudez tu ajuar desde que naciste hasta tu muerte, ceremonia en la que el fuego te vestía una mortaja de llamas azules y naranjas. E1 látigo descrubió rubíes en el cuerpo de los esclavos, y los huesos se agobiaban gemidores en sus pesebreras de carne; el pigmento nunca el mismo ni excluyente en la desgracia, matizaba el moreno al blanco, el amarillo iluminaba al negro, una manta india encima del desierto. Los dedos atados a un mismo destino, contar el tiempo en un collar de vísceras y ser un cúmulo de congojas a lo largo y ancho de la tierra; mientras a un extremo bajo el quitasol de plumas blancas el egoísmo barajaba con la punta del bastón el embate de los ruegos. Hombre Exhausto Durante siglos fue murmullo la protesta en mi garganta y nadie oía; decidí estrellar mis limosnas contra el suelo, y tañeron igual que campanillas persuadiendo a un piadoso letargo; así supe que a mi desdicha debía darle forma de medalla, y colgarla del cuello para que la resignación vistiera mi indigencia. Observador Forzó el invierno tu choza de latas y cartones con sus tenazas de hielo; un lunar sobre el ripio, ni siquiera sobre la tierra, en las sobras que malhumorado abandonó el río. Permanecías a un lado mirando por encima siempre empinado atisbando la mesa inalcanzable donde se comía; y el hambre se jactó de abatir a millones de los tuyos, y la desventura secó al sol los vientres y los senos. Hombre Exhausto De la desgracia fui juglar, y la vida me inspiraba trovas que no podían concluir de otra manera: -Padres, por qué tenéis los ojos tan grandes? -Hijo, porque tenemos hambre. -Hermanos, por qué tenéis las orejas tan grandes? -Hermano, porque tenemos hambre. -Hijos, por qué tenéis el vientrecillo tan grande? -Padre, porque tenemos hambre. Coro de Astronautas -Estamos solos en el espacio -nuestro control está castigado -hace mucho tiempo que no regresamos -él es extraño -dicen que habló en contra de ellos -cuando duerme logro a veces observar en la pantalla -quién legisla abajo? antes había senado y senadores -ahora lo hace la gran banca -y los senadores? -son los banqueros -quién los elige? -votan los bancos los bancos grandes los bancos chicos -entonces hay democracia -hay pobres? -son abundantes -dónde los tienen? -según el color es el potrero -se evaden algunos? -los que lo hacen descubren que son iguales -qué peligroso -y los otros? -los enanos? a ésos les tienen sus juegos sus distracciones -las marchas guerreras -la paz negociada -las condecoraciones -la ostentación y el protocolo -fronteras móviles -los golpes de estado -las dictaduras -las persecuciones -cuanto hay de siniestro -cuanto hay de mediocre -qué lejos estamos de nuestros hogares. Observador Te secuestraron de la procesión semental de sol y lluvia para darte el encierro de una mina; cambiaron tus ojos por una lámpara en la frente, de cara a un filón escudriñando heridas. El gas grisú te acechaba en las arrugas del socavón para vociferar la muerte, y las nubes del mineral rendido demandaron su desquite a la silicosis para quebrantar tu cuerpo. Tantos años cavando igual que antes otros tantos mucho antes, cuando la vanidad desdeñó los guijarros de colores, las diademas de mirtos las coronas de laureles y las joyas en las flores, por los adornos que ofrecía el martirio. Hombre Exhausto Al anochecer llegaba el odio a sentarse junto a nosotros, en el mismo callejón donde moraban la injusticia y el desamparo; al principio conspiró en vano, la miseria no tenía dientes y no mordía; y fue de a poco que el gemido hurtó voces a la ira, hasta convertirse en un rugido que multiplicó sus ecos en un bosque de puños levantados. Tomó tiempo para ser temporal cotidiano, un tiempo largo y una larga esclavitud del hombre en oriente y occidente. Observador Peón acorralado por ácidos y hollines, tu jornada al paso lentamente en el reloj de las sirenas; hermano de millones de siervos, un solo ovillo de infortunio acrecido por ghettos diferentes. Cercado por un censo contestar un cuestionario a gritos: cuánto comes con qué vives cómo vives, abierto a la curiosidad como un buey colgado de un garfio, para terminar encogido, tan sólo un número, en la inmensidad de las cifras. Coro de Astronautas -Se imponen castigos? -la justicia tiene sus máquinas -es el único brazo? -no, la infamia tiene sus asesinos -los juzgan a éstos? -no, son muy antiguos -gozan de prestigio -son ya una institución -sus kardex los más completos -quiénes son sus víctimas? -las hay de todas clases -dicen que Camilo Torres -también el Bautista -el Che Guevara -está Patrice Lumumba -hay sacerdotes de Atón -algunos Kennedy -Martin Luther King -mencionan a Lincoln -al Mahatma Gandhi -y a Pablo de Tarso -siempre el dinero? -a veces treinta dineros -cambian de asesinos? -sí, pero no de patrones -y qué hizo la gente? -casos hubo en que el llanto duró más de cuatro semanas -en una ocasión se escucharon lamentos durante siete meses -otras en que el luto se llevó por todo un año -bien está, bien está de parte de las mujeres -y los hombres, qué hicieron los hombres? Observador Órganos nuevos se adhirieron fuertemente a los sentidos, a cada instante en cada poro de la piel desprevenida dejaron los avisos rojos su contenido amarillo. Cuatro brujas ante el caldero existencial prepararon el brebaje que emponzoñó al hombre: la prensa la radio la televisión y el cine colaboraron, alcahuetas confabuladas para que el odio sus esponsales celebrara con la miseria. Y así la violencia fue engendrada; y cada vez que dió su nombre arribó la muerte. A las ciudades transformó en antorchas y mostró que la víctima y el victimario eran de la misma casa. Para disfrazar sus crímenes buscó un amante que le cediera sus consignas, y encontró a la juventud que se enamoró de ella; y la violencia selló su engaño en el lecho áspero de las barricadas, y cumplió la juventud el compromiso entregando con su verdad la vida. Y llegó el día en que cada infeliz clamó por tierra húmeda en su cárcel de concreto armado, y la avalancha cruzó vados y alambradas, pasó el alud de harapos las luces rojas que asustadas parpadeaban; cada infeliz pidió el retorno de lo perdido, la búsqueda y la elección, exigió que el sustento no fuera el botín conquistado en las sangrientas luchas proletarias; demandó la retribución y negó el salario. Cada infeliz reclamó lo que siglos le arrebataron a cambio del pan de cada día. Hombre Exhausto Todos los años entre vianda y vianda licor y licor, entre cada fiesta y cada siesta, los hombres buenos de la tierra se juntaban para discutir sobre nosotros, pero nunca hubo nada que al final se nos sirviera. Observador Los muchos abusaron de la violencia y los pocos de la represión, y si en un principio fueron bandos contrincantes, se unieron en el caos asolando el mundo entero; y los pocos perdieron lo mucho que tenían, y los muchos también quedaron sin nada. Parte III: El Hambre Observador Quién eres, de dónde vienes? era acaso la soledad el corcel en que llegaste? Defendías al arado porque dejaba huellas, y te rebelabas a seguir caminos llanos procurando trazar el tuyo en selva virgen; tu acuarela escondía matices singulares y las letras se te daban como haces de espigas y de flechas. Supiste que cada ser era una lira de tonos diferentes, y pulsaste las notas altas las bajas y las del centro, anhelando descubrir tu acorde y concurrir a la armonía universal. Querías ser mago para ejecutar a la verdad cuando el deseo no encontrara el gesto; creabas mundos nuevos en escenarios de papel cambiando a voluntad los decorados, ya fuera que aburrían o asomara la desdicha; pero no era fácil poner máscaras a la existencia, pues detrás de ellas amenazaban ahogar las lágrimas. Acompañaste al espíritu en su intento de seducir a la belleza, y enloqueciste en los tejidos de su malla; apresados tus lamentos y aleluyas en las cuerdas de una viola en una actitud de bronce o en el bello pavor de un ídolo africano. Hombre Exhausto Noté que estaba solo la vez que soñé conmigo; supe que lo que hacía era un vano tejer de araña en un vacío sin rincones, en el aire tibio de un tiempo inerte; vi que era pez cogido en las redes de un tedio interminable. Angustiado frente a los desconocidos mi lengua giraba locamente al lado contrario que la de ellos. Nadie compartía mis espacios abiertos, el frío el único amigo en el margen inquebrantable de los ojos ciegos; envuelto en la propia piel cansada, grité mi nombre y pareció escucharse el llanto de un animal perdido en las fronteras de la luz cortada por el humo. Pensé que no sabía hablar y probé transmitir mis voces, me puse al medio y dancé para salvar idiomas, no necesitar de otra lengua que mi cuerpo, dancé por mucho tiempo y sólo sirvió para triturar penas mi pantomima de un molino asfixiado por la niebla; nada más que coger mis propios flancos sudorosos. Las miradas cuando no se dan suelen herir como cuchillas. Huí de los espectros y quedé suspendido sobre el abismo de mis ansias para caer de nuevo caer definitivamente caer callando en remolinos mudos. Coro de Astronautas -Los líderes no se ponen de acuerdo -unos prometen lagos pues dicen que es un pez el hombre -otros ofrecen espacios pues dicen que es un ave el hombre -hay quienes proponen desiertos pues dicen que es un camello el hombre -algunos preparan hogueras pues dicen que es salamandra el hombre -y si no es pez? -se ahoga -y si no es ave? -se estrella -y si no es camello? -se marchita -y si no es salamandra? -se calcina. Observador Eras una isla sobreviviente de la embestida tenaz de olas iguales, y en cada intento de abrir tus puertos, una grieta una hendidura que dolía; para quién descubrir peces en la transparencia del ámbar? para qué cazar dioses en la frigidez del mármol? con qué fin crear muslos y senos de la dócil arcilla? cuántos milenios los ciervos bosquimanos y los bisontes de Altamira. Hombre Exhausto Las nubes que observan las águilas desde arriba, son las mismas que vemos desde abajo? quién supo explicar exactamente, cuándo era oportuno comenzar y cuándo tarde? qué lugar en el camino para sentarse y cuál para avanzar? Era necesario escalar la cima para darse cuenta de lo inútil. Hubo el pájaro muerto entre las paredes del huevo, sin saber de barcos ni de vértigos en el puño del viento; y hubo el polluelo estrellado en la roca, en un abrazo de cáscaras y tiernas alas. Observador Se declaró en un memorándum que tu sensibilidad era inhábil y carecía de utilidad práctica; enojóa la tecnocracia tu debatir de fiera en su jaula de números, y el automatismo decretó la muerte de tu individualidad en el cepo de un complejo electrónico. Se confesó impotente la burocracia para procesar tus aflicciones, y los técnicos se desistieron de diagramar los impulsos de tus manos y las baladas en tu risa o en tu llanto. Coro de Astronautas -Ya no hay música -la prohibieron -qué le hallaron? -que era amoral -que mataba las razones -que con sueños envenenaba -hay artistas? -nacen a ratos -los asesinan? -no vale la pena -subsisten con aplausos -cuando los ignoran se matan solos -la sociedad evoluciona -y con ella el hombre -primero homo cacans -después homo socialis -luego homo sapiens -más tarde homo aestheticus -en seguida homo faber -ahora homo transistor -cuándo homo humanus? Hombre Exhausto Aislada en su universo plastificado, la masificación dejó ahogarse los juicios personales, y la sinceridad de mis protestas canjeó por ropa usada de bufones; no era romo y molestaba; era preciso destruir mis aristas dejarme redondo como blando cojín en que sentarse. Perdí la esperanza de habitar mis propios contornos, eché mi ancla a un sosiego de coral y a mi cuerpo en un muelle abandonado, imploré que me dejaran reposar quedar ahí mismo que nadie me enterrara; rogué tener una presencia de grúa poseer su definitivo silencio de moho y convertirme en árbol árbol de hierro para gaviotas desencantadas de maquillar azules con lunares blancos. Parte IV: La Guerra Observador Quién eres, de dónde vienes? era acaso el espanto el corcel en que llegaste? Cuando el rencor decidió emplearte arrebató tus manos de la piel amada, se las quitó al agua y a la tierra, las desheredó de frutos y de peces, las transformó en hondas con tendones de la bestia la misma que prestó su quijada, las convirtió en aljabas, tus manos pasaron a poder del arco y con la complicidad del aire partió a matar la afilada piedra en su alazán de espino. Cuando al comercio interesó enfrentar a Cristo con Mahoma, de la mezquita alzó tus palmas y de la iglesia tus rodillas, te ofreció a los remos de las galeras a las mechas de arcabuces y culebrinas, y hubo harapos en la marcha hacia la guerra y también yelmos relucientes, pues los pobres y los reyes cayeron en la misma trampa. Hombre Exhausto Elegí la guerra a la miseria, y abandoné mis cosechas al recaudador de impuestos; había tiempo para cantar y para danzar cuando en las noches eran luciérnagas gigantes las fogatas. La crueldad era tanta como podían nuestras desalentadas fuerzas, y si rechazaba muertos la conciencia podía uno desertar, cambiar por un festfn en la posada su mosquete y dejar al vino imaginar hazañas. Pero eran largas, eso sí que eran largas las guerras, ya que una sola duró los cien años. Coro de Astronautas -No se han puesto de acuerdo para dar fin a la guerra -a un abuelo que esperaba el acuerdo un cohete lo despedazó en la playa de Khe Sahn -a un padre que esperaba el acuerdo un marine lo asesinó en el campo de Phu Loi -a un hijo que esperaba el acuerdo un vietcong le torturó en la cárcel de Hanoi -oran los bonzos en un incendio de niños -aún no se ponen de acuerdo para dar fin a la guerra. Observador Cuando la piedad fue desterrada a los escritos de Ginebra y de La Haya, el horror se sintió a sus anchas en la guerra. Tus botas hurtaron granos al molino al tiempo que sembraban cráneos; eras maniquí de prueba para los traficantes de armas, aquellos que hablaban idiomas diferentes, tres o cuatro, y nunca se hirieron entre ellos. Mudó el desierto o un invierno blanco tu altanera marcha en retirada, de ofensor a humillado, el trifuno una ramera que al amanecer buscaba nuevo amante; y pasaste a poder de las alambradas que para cualquier carne eran cerrojo, bastaba que hubiese perdido la batalla. Las cámaras de gas cobraron sus presas de a docenas hasta juntar los seis millones. Tantos cuerpos abiertos tantas venas prodigándose, que gustó a la tierra el sabor acre de la sangre, y despreció a la lluvia. Coro de Astronautas -Hay crematorios para canarios -hay rejas de acero para delfines -por qué los tratan como a seres humanos? -por qué como a prisioneros? -sus señales de comunicación se descifraron -así se supo que no eran patriotas -que no distinguían las fronteras -por ellos sabía el enemigo la posición de las tropas -por ellos descubrió la presencia de submarinos -qué imprudencia -sabían ellos lo que hacian? -los adiestraron simplemente -al comienzo informaban del rebaño extraviado -avisaban de los naufragios -pero no justificaron el capital invertido -y los destinaron a la guerra. Hombre Exhausto Los aniversarios amenazaban reventar el calendario y el fanatismo se vistió de fiesta todo el año. Yo muchas veces fuí alacrán cuando el horror trepaba mis sienes; y me extenuaba cierto que me extenuaba lo abominable de mi existencia; me obligaban a quebrar huesos en los campos de exterminio, o enviar desde el aire y con el aire los gérmenes que mordían como fieras a los ancianos y a los niños. Cierto que vomitaba, pero adónde huir con mis náuseas? la locura tenía un puesto de honor en las doctrinas, y en el marco de las ideas ganó prestigio el genocidio. Cuando tuve que defenderme de los crímenes de guerra, señalé a los culpables pero fue en vano, eran ellos mismos los que me juzgaban. Era cierto que no quería mutilar seres; elevé una plegaria cada vez que convertí en cirio a un hombre sobre un altar de helechos; siempre un arma nueva un instrumento de tortura, las balas eran caricias para el pecho luego de la atrocidad del napalm. Y después, después comenzaron a bajar los muertos por el río, por el río de las perlas, y me forzaron a elevarme para lanzar la bomba, y tarnbién otros en otras partes lo hicieron al mismo tiempo.