PEDRO JORGE ROMERO & RICHARD DE LA CASA - EL DIA QUE HICIMOS LA TRANSICION


     -Hoy os toca a vosotros hacer la transición -dijo la voz del teniente de
     guardia en mi oído.
      Abrí los ojos inmediatamente. Toda la habitación estaba a oscuras. Se
     había activado una alarma temporal y en esos momentos todo el edificio
     debería estar completamente sellado: nadie podía entrar ni salir. Diez
     segundos más tarde se encendieron las luces. Los nanosistemas de nuestros
     cuerpos comenzaron a activarse, controlando cientos de procesos
     biológicos. Ahora podía ver con mayor claridad.
      La transición es un clásico. Al menos una vez por semana hay que hacerla,
     y en ocasiones hasta dos o tres veces en un mismo día. ¿Por qué todos los
     terroristas, de uno u otro bando, tienen semejante fijación con ese
     período? ¿Por qué no intervienen más a menudo en la guerra civil o en el
     asunto de la armada invencible? Supongo que, simplemente, la transición
     está tan llena de posibilidades, hay tantos caminos abiertos
     simultáneamente que todo bando político o grupo económico se cree capaz de
     ajustar el proceso de forma que triunfe su particular posición.
      Parece tratarse también de una fijación particularmente española. Otros
     países sufren también ataques terroristas que pretenden cambiar la
     historia a su gusto, pero esos casos se producen una o dos veces al año.
     Sin embargo nosotros tenemos que lidiar hasta con treinta casos a la
     semana y más de la mitad pueden situarse en la transición. Parece que los
     españoles estamos tan insatisfechos de nuestra historia y somos tan
     incapaces de aceptar que otros hayan triunfado en el pasado que realizamos
     grandes esfuerzos por cambiarla. En cualquier caso, no importa: el trabajo
     del Cuerpo de Intervención Temporal de la GEI es evitar que esas
     situaciones se den, y en particular cuidamos mucho de la transición.
      En realidad hemos llegado a ser unos expertos en ella. Aprender de los
     terroristas nos ha dado una excelente visión de ese período. Hemos
     profundizado tanto en todos sus vericuetos, que somos capaces de
     aventurarnos en esos años sin ninguna preparación ni estudio concreto.
      Rudy es experto en flujo temporal, yo diría que muy bueno. Es capaz de
     discernir que acción dará el mejor resultado. Marisa y yo somos expertos
     en historia española comparada. No sólo la nuestra, sino también de las
     principales ramas que subyacen desde el 2012. Isabel es experta en ambas
     cosas a la vez, es muy buena relacionándolas.
      Nos levantamos inmediatamente de los camastros. Yo fui el primero, Isabel
     la siguiente, luego Marisa y finalmente Rudy. Isabel y Marisa tenían mucha
     experiencia, pero Rudy era la primera vez que hacía la transición desde su
     último reclutamiento. Yo por mi parte he hecho la transición diez veces
     seguidas; mi mejor récord.
      Los que estamos de guardia normalmente dormimos vestidos, para estar
     listos en el caso de tener que realizar una operación. Pronto estuvimos
     preparados. Isabel se acercó a mí y me miró fijamente. Era una
     reafirmación de nuestro acuerdo; hemos sido amantes la mayoría de las
     ocasiones, sólo amigos en otras, pero siempre hemos estado juntos y nos
     hemos apoyado el uno al otro. Nuestra última relación había sido un poco
     desigual, ella no estaba muy segura, pero parece que yo seguía
     intentándolo.
      -Vamos -me dijo apartando finalmente la mirada.
      -Sí -fue mi lacónica respuesta.
      Siempre me levanto de mal humor y con pocas ganas de hablar.
      Rudy y Marisa ya habían salido con esa extraña velocidad que les
     caracteriza; nunca acabo de acostumbrarme a su hiperactividad. Tienen una
     relación extraña esos dos, tan pronto se ignoran como tan pronto no pueden
     separarse. Cada alistamiento lo cambia todo. Aunque en realidad, eso es
     algo con lo que todo agente del CIT tiene que vivir; las parejas como
     Isabel y yo somos más bien la excepción.
      Corrimos por los pasillos hacia la sala de documentación. En las
     películas holográficas, en cualquier línea temporal, el policía de turno o
     el agente secreto, se lanza inmediatamente a la acción, reparte golpes a
     diestro y siniestro y asunto resuelto. La realidad no es en absoluto así.
     Por desgracia, hay un componente de acción en nuestro trabajo, pero
     primero es necesario establecer con precisión cual es el cambio en el
     tiempo que se ha producido y evaluar la mejor forma de resolverlo. Sólo
     después intervenimos intentado realizar una operación lo más limpia y
     rápida posible. Y aún así todavía queda escribir el informe. Y dios te
     guarde de tener que informar de un desaparecido porque en ese caso el
     papeleo se hace interminable y hay que realizar otra operación.
      Llegamos a los tubos. Marisa apretó el botón que nos llevaría al sótano.
     La sala de documentación se encuentra en uno de los pisos más profundos
     del Cuartel General del CIT, es un lugar amplio y está casi por completo
     ocupada por seis terminales de ordenador, por debajo sólo queda la bóveda
     acorazada que contiene el portal, el lugar más vigilado y seguro del CIT.
      La puerta de tubo se abre directamente a la sala de documentación.
     Durante una emergencia sólo los agentes de guardia, nosotros en este caso,
     pueden acceder a la sala. El sistema electrónico de los tubos lee el
     estado de nuestros implantes para evaluar si tenemos permiso para estar
     allí. En caso de que uno de nosotros no estuviese autorizado el tubo ni
     siquiera se movería.
      Allí ya estaba el equipo de apoyo evaluando los cambios producidos. José
     Luis, Sara, Didac y Sandra. Si algo saliera mal en la operación ellos
     serían nuestros sustitutos.
      -Os juro que me estoy hartando de tanta Transición -dijo bostezando Sara
     al vernos llegar.
      Isabel se sentó frente a una de las consolas. Marisa ocupó la que quedaba
     libre. Los demás nos colocamos detrás. Isabel, desde su asiento, observó
     las imágenes cambiantes de la laboriosa búsqueda del punto de ruptura que
     los ordenadores, por comparación histórica, intentaban localizar. El
     sistema es relativamente simple, sólo hay que empezar a buscar hacia atrás
     a partir del 7 de agosto del 2012. Al principio los acontecimientos
     difieren mucho de la historia conocida, pero poco a poco los cambios van
     convergiendo a cero y la historia se aproxima a la real. En este caso,
     además, contábamos con la ventaja de saber que el cambio se había
     producido en la transición. Cada consola está conectada simultáneamente a
     nuestras propias bases de datos, de la historia tal como fue, y a las
     bases de datos del exterior, lo cual nos permite comparar los registros.
      Todo el Cuartel General del CIT, dependiente a su vez del Grupo Español
     de Inteligencia, está encerrado en un campo de éxtasis. Eso significa que
     nosotros sólo notamos los cambios en la historia comparando nuestros
     registros con los del exterior; para todos aquellos que estamos dentro del
     recinto, el cambio que había alterado la vida en el mundo exterior no se
     había producido y recordábamos la historia tal y como había sucedido. La
     existencia del campo de éxtasis significa que estamos virtualmente
     atrapados en el edificio. Podemos salir, sí, pero no podemos hacer vida
     independiente. Si viviésemos fuera, sin protección, la marea de la
     historia nos acabaría atrapando. Acabaríamos viviendo una versión
     determinada del universo y perderíamos nuestra efectividad como agentes.
     No, podemos espiar en el mundo, en la realidad de allá fuera, pero no
     disfrutar realmente de él.
      Posiblemente, la teoría que permite el viaje en el tiempo es la más
     extraña de toda la historia de la física; difícil de entender, formulada
     en un número increíble de ecuaciones. Es la base de una teoría de gran
     unificación que algún día lo explicará todo pero que, por el momento, nos
     permite viajar por el tiempo empleando cantidades razonables de energía.
     Se la llama simplemente Teoría Temporal o TT. Por desgracia, algunos de
     los efectos de la teoría son casi metafísicos. Cuando fue formulada,
     cuando aquel joven físico la comprendió finalmente, y la concibió pura y
     completa por primera vez, la teoría cambió la misma naturaleza del
     universo y de la realidad. Antes del 7 de agosto del 2012 existía una sola
     línea temporal. La historia era única, compartida por todos. En aquella
     tarde de agosto, justo en el momento de ser formulada definitivamente, el
     tiempo se volvió múltiple, las líneas temporales fueron divergiendo a
     medida que los fenómenos cuánticos se iban produciendo en el universo.
     Ahora existen infinitas historias, la gran mayoría casi idénticas,
     indistinguibles, sólo nimios detalles las hacen distintas; otras son muy
     diferentes. En muchas, billones de ellas, viven copias exactas de cada ser
     humano sobre la Tierra.
      Filósofos y físicos llevan veinte años intentado explicarlo y no han
     llegado muy lejos. Está claro, sin embargo, que los primeros físicos
     cuánticos tenían razón: el observador afecta lo observado y la existencia
     de seres inteligentes en el cosmos altera el funcionamiento del universo.
     ¿Cómo explicar si no esta situación? 5 minutos antes de un día de agosto
     sólo existía una historia y cinco minutos después existían millones de
     ellas. Es más, esas líneas temporales son reales y se pueden visitar con
     gran facilidad. La misma tecnología que permite el viaje en el tiempo
     permite el viaje entre líneas temporales alternativas.
      En 1955 Hugh Everett formuló lo que él llamó la interpretación de muchos
     mundos de la mecánica cuántica. Según él, cada vez que se producía un
     fenómeno a escala cuántica el universo se dividía en tantas versiones como
     fuesen necesarias para dar cuenta de todos los resultados posibles. En el
     caso más simple, dos posibilidades, en una rama el proceso se había
     producido, en otra no. Visto desde ahora, uno podría decir que Everett
     simultáneamente tenía razón y se equivocaba. Antes del verano del 12 el
     universo, en el caso más simples de solo dos opciones, aceptaba uno de
     esos fenómenos y desechaba el otro, después de esa fecha el universo hace
     lo posible por ejecutarlos todos y Everett sale vindicado. Después del 7
     de agosto del 2012 el universo se divide en tantos universos como sean
     necesarios para cubrir todas las posibilidades.
      El campo de éxtasis que rodea al Centro de Intervención Temporal, que se
     basa en una extraña propiedad de algo que los físicos llaman tiempo
     imaginario, nos permite, a los que estamos dentro, experimentar un único
     pasado. Si alguien cambia la historia nosotros seguimos recordando la
     historia tal y como fue, lo cual nos permite darnos cuenta de cuando ésta
     ha sido manipulada. Por desgracia, el campo de éxtasis fue una conclusión
     tardía de la teoría y cuando se desarrolló era ya demasiado tarde. Aunque
     tampoco estoy seguro de qué se hubiese podido hacer: ¿Rodear todo el
     universo con un campo de éxtasis?
      De lo que si estamos seguros es que esa teoría demuestra que estamos
     solos en el universo. Al menos, que no hay ninguna civilización
     extraterrestre a nuestro nivel de desarrollo. Si hubiese alguna
     civilización más avanzada hubiesen descubierto antes la teoría temporal y
     nosotros ahora notaríamos que el universo comenzó en una fecha anterior a
     nuestro propio descubrimiento de la teoría. Como eso no es así, la
     conclusión es que estamos solos, o por lo menos, que somos los más
     avanzados de todo el universo. No es tan sorprendente como parece, alguien
     tenía que ser el primero.
      -Lo tengo -dijo en voz alta José Luis para llamarnos la atención.
      Todos nos agolpamos alrededor de su consola. Los ordenadores habían
     encontrado el punto del cambio. En su pantalla tenía la portada de El País
     del 28 de febrero de 1977. En la versión que teníamos en nuestra base de
     datos, la versión de la historia tal y como había sucedido originalmente,
     los titulares eran los usuales de la época: huelgas, manifestaciones,
     declaraciones del gobierno. En la versión que traíamos del exterior sólo
     había un titular que ocupaba todo el ancho de la primera página: Carrillo
     asesinado. El periódico del día anterior era idéntico a nuestra versión
     pero el del día siguiente tenía esa ominosa noticia que había eclipsado a
     todas la demás.
      -ésta es nueva, ¿no? -comentó Rudy.
      Nadie le contestó, en realidad no buscaba que nadie le respondiera.
      -Pobre hombre, sólo le faltaba esto. Ya le han hecho de todo -continuo
     Rudy.
      --Durante el entrenamiento nos enseñan muchas de las tretas utilizadas
     para cambiar el pasado. Casi todas coinciden en el mismo esquema,
     simplemente matar a algún personaje conocido. Casi siempre se trata de las
     mismas personas: Hitler, Stalin, Kennedy... Pero Rudy tenía razón, aún no
     habían probado a asesinar a Carrillo en esa entrevista, era curioso
     teniendo en cuenta la cantidad de veces que el mandatario comunista era
     manipulado en un sentido u otro.
      -Será mejor mirar más a fondo. Volved de nuevo a vuestras consolas y
     seguid buscando. Es demasiado evidente -dije.
      Cada uno intentó encontrar datos que relacionasen a Carrillo con esa
     fecha. Con los datos que daba el artículo del periódico, y los de días
     posteriores que trataban la noticia, pronto tuvimos una visión más o menos
     clara de lo sucedido. Aunque no encontramos ningún otro punto de cambio
     que no fuera resultado del asesinato del dirigente del PCE.
      Empecé a cotejar datos. Para el día 27 de febrero el presidente Suárez
     había concertado una entrevista en secreto con Carrillo. En aquel momento
     el Partido Comunista no había sido todavía legalizado, pasarían aún un par
     de meses, y entrevistarse con el secretario general del PC era, para la
     España de la época, citarse con el diablo en persona. Parece increíble,
     pero en aquel momento el Partido Comunista tenía un gran peso moral en la
     sociedad española y contar con los comunistas era imprescindible para
     consolidar la democracia, pero actuar con demasiada rapidez podía traer
     graves consecuencias. Suárez lo comprendía, pero sabía también que si
     podía legalizar el Partido Comunista y celebrar unas elecciones libres con
     todo el espectro político al completo ganaría prestigio y fuerza. Por esa
     razón concertó aquella entrevista supersecreta; sólo el Rey y un par de
     miembros del gobierno estaban enterados. La reunión en sí no fue demasiado
     importante, pero de haberse descubierto las todavía poderosas estructuras
     del franquismo hubiesen forzado la caída de Suárez y retrasado o impedido
     la llegada de la democracia.
      -Es curioso... hace más de tres años que no asesinaban a Carrillo -dijo
     Isabel con su suave voz que la caracteriza.
      A la cinco de la tarde recogieron a Carrillo en su piso en Puente de
     Vallecas. Fue llevado por una carretera discreta. Una persona, una mujer,
     lo llevó al chalet Santa Ana, en la afueras de Madrid; un lugar tranquilo.
     En la historia real, Suárez llegó unos minutos después y hablaron durante
     horas de Política, con 'P' mayúscula. Lo que los terroristas habían hecho
     fue muy simple. Se habían limitado a volar el coche en que viajaba
     Carrillo justo antes de llegar a la casa. Con eso se aseguraron dos cosas:
     que la entrevista fuese conocida por el búnker y la cólera del Partido
     Comunista ante la muerte de su líder. ¿No eran miembros del gobiernos lo
     únicos que conocían esa entrevista supersecreta? Las sospechas cayeron
     inmediatamente sobre el ejecutivo y en particular sobre el propio Suárez,
     que era inocente.
      Los sucesos caían a partir de ese momento en cascada. Busque los últimos
     asesinatos de Carrillo. Sólo había dos: en ambos había sido abatido a
     balazos, una vez en plena calle, cuando paseaba horas antes de que el PCE
     fuera legalizado y otra cuando hizo su primera aparición pública. Las
     consecuencias de ambos magnicidios eran, en ambos casos, mucho menores que
     las actuales.
      Esta vez, en vano, los poderes públicos pidieron calma. El búnker exigió
     explicaciones inmediatas y la destitución fulminante de Suárez, cosa que
     el Rey se vio obligado a hacer al cabo de tan sólo dos días. Mientras
     tanto, el Partido Comunista se lanzaba a la calle. El mes anterior, ante
     el asesinato de los abogados de la calle Atocha, el PCE había dado un
     ejemplo de saber estar realizando manifestaciones silenciosas, pero en
     aquel momento tenían a Carrillo de guía y confiaban mínimamente en el
     proceso de democratización. Ahora Carrillo ya no estaba y nadie confiaba
     en el gobierno.
      Los franquistas forzaron, en la terna presentada al Rey, la elección de
     un presidente duro que ordenó cargar contra los manifestantes. Por todo el
     país los civiles se enfrentaban con la policía. Poco a poco, otras fuerzas
     democráticas se fueron uniendo a los actos de protesta. El proceso de
     democratización se había perdido definitivamente, pero lo peor estaba aún
     por llegar.
      Una semana después se produce un golpe de estado. El Rey pierde todos sus
     poderes efectivos y se declara el estado de excepción en todo el país.
     Nadie lo respeta. Los choques continúan y pronto queda claro que España
     está sumida en una nueva guerra civil; lo que nadie quería, lo que todos
     hubiesen deseado evitar. Cataluña y el País Vasco aprovechan la confusión
     para declararse independientes, Marruecos ocupa Canarias invocando su
     soberanía, pero al menos los canarios se libraron de lo peor de la guerra.
     Barcelona es sitiada y arrasada por completo. Nadie sabe cuantos bandos
     luchan. En las grandes capitales los francotiradores disparan contra todo
     lo que se mueve y la comunidad internacional asiste estupefacta a una
     guerra civil en medio de Europa. Lo que tenía que haber sido la
     ex-Yugoslavia en los noventa es España en 1977: Asesinatos en masa,
     exterminios, violaciones, crímenes de guerra...
      Se emplean todo tipo de armas, bacteriológicas, químicas... Mueren
     millones de personas y todavía más cuando una explosión nuclear destruye
     Madrid por completo. Nadie sabe quién ha detonado el artefacto ni de dónde
     ha salido, todos se acusan mutuamente, pero eso es ya demasiado. Las
     Naciones Unidas ocupan España e imponen una paz precaria. Después de cinco
     años de lucha, el país está arruinado, destrozado, devastado, con perdidas
     de casi un tercio de su población, con refugiados y supervivientes que
     apenas tienen para comer. Ya no hay parlamento, ya no hay monarquía, la
     familia real murió con Madrid, ya no hay nada por lo que valga la pena
     luchar, pero la heridas tardarán en sanar. La reconstrucción llevará años
     y nadie sabe cuanto durará. Aún en 2032 resuenan sus ecos.
      Debo reconocer que como plan terrorista era muy bueno, mejor que la
     mayoría. Los he visto de casi todos los colores. En ocasiones prolongan la
     vida de Franco y eso retrasa todo el proceso democrático e incluso en
     algunas versiones la democracia llega con Franco aún vivo, que sigue al
     mando del ejército. En otras ocasiones se evita la muerte de Carrero
     Blanco que se convierte en Presidente del primer gobierno del Rey y
     consigue detener la apertura. También algunos conspiran para asesinar al
     Rey y traer la república. Y en ocasiones hay quien conspira para que Juan
     Carlos no suceda a Franco y su lugar sea ocupado por otro candidato al
     trono que continua la obra del dictador. Pero en lo que se refiere a
     efectos por mínima causa, nada superaba este caso. ¿Quién podría suponer
     que el asesinato de un sólo hombre en unas circunstancias que luego la
     historia apenas reseñaría pudiese tener consecuencias tan grandes?
     Realizar un cambio en la historia después del 2012 no tendría ni la más
     mínima consecuencia; algo así produciría simplemente una nueva versión de
     la historia que coexistiría con las ya existentes y con las que la
     mecánica cuántica produce continuamente. Pero antes del 7 de agosto la TT
     prohíbe la existencia de más de una historia simultáneamente. Por tanto,
     la historia preexistente queda sustituida por la resultante del cambio.
     Muchas veces me he preguntado por qué nos empeñamos en corregir la
     historia, después de todo, ¿a quién la importa? La única respuesta que he
     podido encontrar es simplemente que la historia tal como fue, buena o
     mala, alegre o desdichada, es la nuestra y nadie tiene derecho a
     manipularla según que oscuros intereses.
      Pero bueno, una vez localizado el punto de bifurcación, es necesario
     arreglarlo. Ese es el momento más delicado. Habitualmente los verdaderos
     instigadores no suelen exponerse directamente y contratan el personal
     necesario para llevar a cabo la acción, que a su vez subcontratan a otros
     de poca monta allí donde quieren intervenir. Así que, por lo general, nos
     encontramos con unos pobres diablos que apenas saben nada. Por otro lado
     tenemos al personal altamente especializado en saltos temporales que es
     necesario atrapar. A los primeros intentamos darles un susto para que no
     reincidan, pero poca cosa más podemos hacer. Los segundos son muy
     difíciles de sorprender. Ellos, como nosotros, tienen todo el tiempo del
     mundo a su disposición, y nosotros no tenemos los equipos necesarios como
     para invertirlos en costosas y largas investigaciones de campo así que,
     cuando nos topamos con ellos, más por suerte que otra cosa, no solemos
     tener muchos miramientos.
      Tomamos el tubo y fuimos a la sala de la Transición. Ese período es tan
     visitado que ocupa todo un ala del subterráneo principal. Allí se guarda
     todo el vestuario y utensilios. También nuestras armas, disimuladas como
     objetos habituales de ese momento histórico. Utilizamos tanto esas ropas
     que las tenemos que renovar muy a menudo.
      Nos cambiamos para la época y la estación. Salimos y nos metimos en el
     tubo de nuevo. Pasamos nuevos controles de seguridad, aún más estrictos, y
     llegamos a la bóveda subterránea donde se guarda el portal.
      Cuando uno la visita tan a menudo como nosotros, éste acaba perdiendo
     todo su encanto, se transforma en un objeto más de la decoración
     surrealista de la bóveda acorazada.
      La estructura es una especie de cubo. Realmente es más alta que ancha y
     no es sólida. Sólo están las líneas que forman la estructura. Se le llama
     Portal Visser y está compuesto de masa negativa. Cuando te acercas
     empiezas a notar una extraña repulsión, porque en lugar de atraer la
     materia, la masa negativa la repele. Por tanto es imposible tocarlo, pero
     eso no es necesario. La estructura tiene unos cinco metros de lado y
     cabemos todos perfectamente.
      Tal y como está, el portal es completamente inactivo. Para realizar el
     viaje es necesario encontrar un agujero de gusano cuántico adecuado, uno
     que, de forma natural, conecte nuestra época con el punto temporal al que
     queremos viajar. Parece ser que, a escala lo suficientemente pequeña, el
     espacio-tiempo no es plano sino una espuma donde se forman continuamente
     estructuras anómalas. Algunas de esas estructuras son túneles que conectan
     dos regiones separadas, por ejemplo, un punto del 2032 con otro en el
     1977. Esas estructuras se forman y destruyen tantas veces que no es
     necesario esperar mucho para encontrar la adecuada. En ese momento los
     técnicos la alimentan con energía para hacer que crezca hasta un tamaño
     macroscópico, lo suficientemente grande como para que podamos atravesarlo.
     Pero todavía no es seguro, para que sea estable es preciso colgar sus
     bocas a los portales Visser, las estructuras de masa negativa. Primero se
     acopla a la que tenemos en nuestro lado, luego una similar, algo más
     pequeña, se envía a través del túnel para que el otro extremo sea también
     estable. En ese momento, si la longitud del agujero de gusano se ha
     elegido lo suficientemente pequeña, se puede pasar de un lado a otro casi
     instantáneamente. Uno simplemente ve la imagen del otro lado, da un paso y
     ya está.
      Antes del 2012 se sabía que algo así era posible, pero se creía que las
     energías necesarias eran tan grandes que ningún gobierno de la Tierra, ni
     siquiera todos ellos juntos hubiesen podido reunir la energía
     imprescindible para abrir un portal. Además, los portales debían ser
     enormes, unos cinco kilómetros de diámetro, para garantizar un paso
     tranquilo y en ese caso estamos hablando de varias veces la masa del Sol.
     La TT lo cambió todo. De la noche a la mañana se podían usar cantidades
     mínimas de energía para ampliar un túnel entre dos regiones del
     espacio-tiempo o entre dos espacio-tiempo distintos.
      Los técnicos ya estaban preparando el salto. Arriba, en una sala de
     control, estaba nuestro equipo de apoyo, por si necesitábamos información
     adicional o por si había, a última hora, nuevos cambios en el continuo.
      -¿Todos listo? -preguntó Isabel. Como la más veterana le tocaba ser la
     líder.
      Todos comprobaron el material que llevaban. Nos habíamos vestido tantas
     veces con esas ropas que ya no notábamos el aspecto extraño que teníamos.
     Con algo de suerte no tendríamos que pasar desapercibidos durante mucho
     tiempo; si todo salía bien, sería simplemente viajar y salir. Todos
     parecían tener el material en orden. Rudy fue el último en acabar. Se
     miraba la muñeca como si una de las lecturas no le acabase de convencer.
     Finalmente la bajo y asintió.
      -Todo bien -dijo.
      Bien, ya estaba. Ahora o nunca, como siempre. Marisa, la atrevida, fue la
     primera en acercarse al portal. Se plantó junto en el borde. Debía estar
     sintiendo toda la tensión. La masa negativa de la estructura se combina
     con la masa, positiva, del túnel, por lo que todo el conjunto podía tener
     una masa neta negativa, positiva o nula. Los técnicos siempre aspiran a
     masa nula, pero se conforman con que la masa combinada no sea demasiado
     grande en valor absoluto. Por tanto, en teoría, no debería sentirse nada
     al acercarse, pero la realidad es que la masa negativa está más cerca de
     tu cuerpo que el túnel en sí y es normal sentir una ligera presión que te
     empuja hacia fuera.
      Marisa desapareció y fue seguida por Rudy. Yo me preparé para entrar.
     Nunca me ha gustado atravesar el portal. Nuestros túneles tienen
     normalmente menos de veinte centímetros de largo, por lo que apenas se
     trata de dar un paso para atravesarlo. Aún así, son lo suficientemente
     largos como para que se noten los efectos peculiares de su geometría. Si
     miras ligeramente hacia la pared del túnel veras tu imagen allí,
     repitiéndose infinitamente a todo lo ancho y alto. Por supuesto, en el
     otro extremo ves el paisaje exterior, pero eso simplemente lo hace más
     desconcertante.
      Yo me volví hacia Isabel y la besé en la boca.
      -Suerte -dije.
      -Suerte -repitió ella. Me miró durante un momento, pero finalmente apartó
     la vista y se acercó también al túnel.
     Cada vez que atravieso el portal vuelven siempre los viejos recuerdos de
     como fui reclutado para el CIT.
      En la memoria se mezclan emociones que suelen ir parejas, nostalgia y un
     mucho de inocencia, como cuando uno se pone a ver un rancio disco de
     imágenes y películas. Todo tiene esa patina borrosa que hace que los
     defectos se difuminen y creas que aquellos tiempos fueron mejores de lo
     que en realidad fueron.
      Después de clase yo solía reunirme con mis amigos en el parque La Granja
     una vez por semana para charlar, entrenar y, eventualmente, pasar una
     noche de juerga. Aquel día de primavera habían suspendido mi clase de
     Perspectiva Histórica y llegué antes de lo normal, algo que, por supuesto,
     estaba previsto.
      Para pasar el rato me tumbé sobre la hierba, con mis pantalones cortos y
     unas zapatillas rojas que luego Isabel que dijo que eran horribles. Hay
     cosas que nunca cambian y parece que mi mal gusto por la ropa es algo
     bastante extendido.
      Ella se me acercó. Era Isabel claro, pero yo todavía no lo sabía. Se
     sentó cerca de mí, lo suficiente como para asegurarse de que notara su
     presencia, pero no tanto como para que yo pensara que iba directamente a
     por mí. Se había puesto el vestido azul pálido que le había regalado yo y
     que me gustaba mucho. El pelo suelto y la cara sin apenas maquillaje, muy
     natural. Todo pensado, todo estudiado ¿hay algo que no hayamos analizado?
     Traía un ejemplar de Reseñas de Historia, una revista que yo leía
     habitualmente. La miré fijamente, mientras ella se empeñaba en mantener
     los ojos pegados a la página. De pronto, levantó la cara, me vio, me
     sonrió y volvió a hundirla en el libro.
      Me levanté y me acerqué a ella.
      -¿Has leído el artículo de Martinson sobre Cartago? -le pregunté-. ¿Ese
     de que realmente no existió y que la construyeron los romanos para luego
     poder decir que la habían destruido?
      Se me quedó mirando, quieta, muda, segundos que se alargaban
     infinitamente. Sus expresivos ojos sugerían más cosas de las que yo
     necesitaba saber y más de las que ella quería mostrar. Hubo algo de ella,
     algo indefinible que me sedujo en aquel instante, fue como si un
     escalofrío recorriera todo el cuerpo. Supongo que en ese momento ya estaba
     jugando conmigo.
      -Esto, perdón por abordarte así -continué-, vi la revista que estas
     leyendo y da la casualidad de que es mi especialidad. Me llamo Mikel y doy
     cursos en la UniCentral de Logroño.
      Basculé sobre mí mismo intentando no parecer demasiado ridículo. Decidí
     sentarme a su lado.
      -Hola -me dijo ella como dudando-. Me llamo Isabel. He leído el
     artículo... -se interrumpió unos segundos mientras esbozaba lo que podría
     ser el preludio de sonrisa-, la verdad es que me parece una solemne memez.
      Yo me quedé de una pieza, esperaba muchas respuestas pero no esa
     precisamente. Ella seguía allí, mirándome, tranquila, serena, esperando.
     Era evidentemente una provocación y tarde en darme cuenta.
      -No me hagas caso -me dijo mostrándome plenamente su sonrisa-, ayer tuve
     un mal día, eso es todo. Ahora estoy intentando arreglar el desaguisado.
      Había perdido la iniciativa. La sensación que te embarga en esos momentos
     es de impotencia, de estar fuera de juego. El problema es que aún no sabía
     que desde el momento en que ella había aparecido, estábamos jugando con
     cartas marcadas.
      -Aunque... podríamos discutir el tema -añadió sin darme tiempo a pensar
     siquiera una respuesta-. Te advierto que no soy fácil de convencer.
      Su voz sonó, esta vez, mucho mejor. Luego supe porque, para ella fue un
     impacto verme de nuevo, oírme de nuevo.
      -Yo tampoco -dije yo, recuperando ligeramente el control.
      Nos levantamos y echamos a andar. No sabía que a partir de aquel día no
     volvería a ver a mis amigos.
      Por supuesto no hablamos ni de Martinson, ni de Cartago, ni de nada
     parecido. Ni falta que hacía. Charlamos de intrascendencias, del trabajo y
     de los sueños. Isabel dejó que su verdadera misión se fuera perdiendo en
     un limbo de gestos y de anécdotas. Deambulamos de aquí para allá sin rumbo
     fijo, cenamos en algún lugar extraño, pero tranquilo, finalmente acabamos
     en mi apartamento.
      Fue a las cinco de la mañana, después de hacer el amor por segunda vez,
     cuando me lo dijo. Me soltó el rollo habitual y completo. ¿Para qué
     disimular? Me acabaría enterando tarde o temprano. Hace falta una gran
     capacidad de asimilación para entender lo que te dicen y reconozco que no
     lo comprendí muy bien. ¿Qué era aquello de viajes en el tiempo, cambios en
     la historia y universos paralelos? Me dijo, además, que llevaba años
     enamorada de mí aunque, según mi experiencia temporal, nos habíamos
     conocido esa misma mañana. Con la tranquilidad que da la no comprensión y
     el shock volví a dormirme.
      Me desperté primero, me levanté y caminé hasta la ventana, necesitaba
     pensar. Fuera, uno de aquellos días azules que vaticinaban la llegada del
     calor, me cegaba con su luz.
      Ella se movió por la cama, buscándome.
      -¿En qué piensas? -me preguntó sin abrir los ojos. Ella sabía que estaba
     allí. Sabía lo que estaba pensando, sabía cuales eran mis dudas.
      Yo había estado meditando. La terrible realidad de lo que me había
     contado se había ido asentando en mi mente y una pregunta me rondaba
     insistentemente el cerebro.
      -¿Tengo alguna opción que no sea entrar en el CIT? -le pregunté, creo que
     con voz algo triste.
      -Por supuesto -me contestó-. Puedes quedarte aquí.
      -¿Eso es lo que quieres?
      Isabel no me mintió. Sabía que necesitaba que fuera sincera o al menos
     que lo pareciera.
      -No.
      -¿Cuál es nuestro futuro?
      Su respuesta fue una lapida a mis expectativas. Su tono en cambio lo
     desmentía.
      -No tenemos futuro -dijo ella.
      No alcance a entender todas las implicaciones de su respuesta. Incluso
     ahora descubro nuevas facetas a su corta pero intensa contestación.
      Aquel día almorzamos juntos, paseamos, charlamos, procurando ser lo más
     sinceros posibles. Yo lo fui, ella sólo necesitó ser convincente. Por la
     tarde apareció el portal y lo crucé por primera vez para llegar al CIT.
     Llegamos segundos después de que Isabel partiese en mi busca. Pasé las
     formalidades del reclutamiento. Fue confuso darse cuenta de que todo el
     mundo me conocía, que todos se alegraban de verme de nuevo. Era como si
     siempre hubiera estado allí, de alguna forma eso era cierto. Me saludaron
     los viejos camaradas y me llevaron a las cabinas de instrucción
     aceleradas. Ese fue el día en que mi vida comenzó de nuevo.
     Estábamos cerca del lugar, era todavía temprano, todo parecía en calma,
     hacía sol y buena temperatura para ser un mes de febrero. En realidad, lo
     que esperábamos era que apareciesen los incautos que traían la bomba.
     Habitualmente esa es la mejor manera de actuar. En este caso era
     ciertamente el mejor proceder: la reunión era tan secreta que no había
     ningún dispositivo de seguridad. ¿Quién confiaría en una policía heredada
     del franquismo?
      Cada uno de nosotros tenía ya una misión asignada, así que todos sabíamos
     lo que teníamos que hacer. Nos movimos hacia el punto de acción.
      -Creo que ya vienen -anunció Marisa que estaba vigilando la carretera.
      -Rudy, estáte atento a la aparición de algún Extra -dijo Isabel y
     continuo-. Marisa córtales por detrás. Mikel, tu conmigo. Utilizaremos
     aturdidores como defensa. Con eso será suficiente.
      Siempre tememos que aparezca algún Extra, es decir algún extraño del
     futuro. Alguien que venga a trastrocar los planes. Es un poco estúpido,
     pero a veces funciona. Así que lo mejor es no bajar la guardia.
      El atentado con bomba lo tenemos tan estudiado que casi lo podemos
     solucionar con los ojos cerrados. Se trata de cortarles el paso de forma
     natural, mientras nos preparamos con los aturdidores. Normalmente no
     queremos matar a nadie sino sólo impedir la acción. En caso de que
     apareciese algún Extra, por supuesto, no tendríamos reparos en asegurarnos
     de su muerte.
      La furgoneta se acercaba, iban tranquilos. El lugar pensado para la
     explosión aún quedaba a unos kilómetros. Eran tres, jóvenes, seguramente
     enrolados en algún barrio madrileño como Tresaguas o Horcasitas. Casi me
     dieron pena.
      Cuando estuvieron casi a nuestra altura Isabel nos envió la señal de
     inicio. Los movimientos parecieron un ballet. De alguna manera estaba como
     volando por encima del lugar, desdoblado, supervisando la operación. Me
     veía moverme, Isabel parándolos y yo aturdiendo al primero, Isabel al
     segundo, yo al tercero. Interviniendo la bomba. Marisa por detrás,
     observando, vigilando. Rudy un poco más allá sin mirarnos, controlándolo
     todo a nuestro alrededor. Tiene un algo especial que le hace sensitivo, un
     sexto sentido que le permite anticipar el peligro.
      Miré el artefacto, era una vulgar bomba, suficientemente potente como
     para alcanzar su objetivo. Asombrosamente vulgar. Me la miré dos veces,
     simple, rectifique, como la operación, y eso era algo que no me gustaba.
     Miré a Rudy en busca de una señal, pero permanecía tranquilo, así que
     intente relajarme.
      Apenas habían pasado unos segundos y todo había acabado.
      Quedaba lo más sencillo, pero lo más engorroso, hay que apartar a aquella
     gente de allí, hay que despejar el camino a Carrillo, la bomba debe
     desaparecer y estos hombres olvidar el asunto. Nadie debe enterarse.
      Podemos quedarnos por allí para asegurarnos que no haya un equipo de
     repuesto, otra bomba, pero es perder el tiempo. Carrillo nunca sabrá que
     nos debe la vida, ni falta que hace. Es más sencillo volver y comprobar
     que todo ha vuelto a su lugar original.
      Subimos a la furgoneta e iniciamos el retorno a Madrid, la dejaremos
     abandonada en Vallecas, es un buen lugar para que desaparezca sin dejar
     rastro. Les inyectamos a los tres una solución que les hará olvidarse
     hasta de su nombre. Tendrán que ir de nuevo a la escuela. La bomba, sus
     armas y todos los documentos nos los llevamos de vuelta a nuestro propio
     tiempo. Nadie sabrá quienes son, ni que les ha pasado.
      Paramos en un lugar poco transitado. Hacemos que bajen y les empujamos un
     poco para que empiecen a andar. En estos momentos son tres zombies.
     Arrancamos, se pierden entre la gente, dentro de poco empezaran a llamar
     la atención.
      Dejamos la furgoneta en un descampado y buscamos un lugar discreto a
     esperar al portal. Aún tardará unos minutos, hasta que encuentre un túnel
     cuántico adecuado. Empiezo a relajarme.
     Lo malo de viajar por el tiempo es que quedas completamente desconectado
     de tu propio tiempo, no existe posibilidad de comunicarte con él, quedas
     abandonado a tu propia suerte, sólo cuentas con la ayuda de tu propio
     equipo.
      Cuando vi el familiar paisaje de la bóveda, suspiré aliviado.
      -éxito completo -comunicó Isabel.
      Desde arriba, Didac nos hacía señas.
      -Poned el canal cuatro, creo que Didac quiere darnos malas noticias
     -comenté.
      -Hola a todos, me alegro de veros -dijo Didac saludando con la mano-.
     Creo que hemos solucionado lo peor, pero sigue habiendo graves
     desviaciones en el curso de los acontecimientos.
      Marisa soltó un exabrupto.
      -Reunión en cinco minutos en la sala de documentación -dijo Isabel
     asumiendo con estoicismo el fracaso de la operación.
      -¿Cual es la situación actual? -preguntó Isabel en cuanto entró.
      José Luis sin decir palabra señaló a los monitores.
      El problema seguía siendo simple. La reunión había sido difundida por
     radio cuando se estaba celebrando y Suárez había quedado en evidencia. Su
     posición frente a los involucionistas se había debilitado y estos habían
     aprovechado la situación a fondo. No había guerra, todo parecía ir por el
     lugar correcto, pero Suárez no había tenido más remedio que pactar con los
     franquistas, la transición se había retrasado. Ahora, en la línea
     temporal, aparecían claramente algunas grupos concretos beneficiados. Creí
     entenderlo.
      -Un interesante ejercicio de simulación -dije levantando la voz para que
     todos me escucharan-. Crean una desviación que debemos resolver, sospecho
     que nuestra llegada es la causa que buscaban para desencadenar un nuevo
     efecto, justamente el que ellos querían de verdad. El primero no era sino
     un cebo. Efectivo.
      La capacidad de intervenir en el tiempo no es ilimitada. No puedes poner
     parches encima de otros parches de forma continuada. Puede que todo nos
     estalle en las manos algún día, a fuerza de arreglar la historia. Ya
     empezamos a tener problemas con la gente desmemoriada.
      Isabel y el resto del grupo me miraron. Todos habían captado la trampa
     que nos habían tendido. Nosotros éramos la espoleta de la verdadera
     manipulación histórica.
      -No seas tan maquiavélico -intervino Rudy-. Ellos sabían que íbamos
     intervenir, así que lo planearon todo. Nosotros sólo les hemos corregido
     una situación anómala que da lugar a una que les beneficia. Son
     sofisticados, pero los he visto peores.
      -Hay que volver -sentenció Marisa.
      Todos nos miramos. A ninguno le gusta volver al mismo lugar en el que
     estamos ya, únicamente se trata de simple aprensión. Esta demostrado que
     podemos convivir con nosotros mismos en el mismo lugar y hora, aún así no
     sé de nadie que le apetezca hacerlo. Tampoco podíamos pedir al equipo de
     apoyo que fuera, era nuestra misión y teníamos que arreglarlo nosotros.
      Isabel comunicó al control de operaciones los nuevos datos y solicitó un
     nuevo envío. Mientras, el resto de nosotros, nos dedicamos a buscar el
     nuevo punto de inflexión.
      Lo localizamos, una emisora había recibido un chivatazo sobre algo que
     iba a ocurrir en aquel lugar. Habían enviado un coche camuflado y ninguno
     de nosotros se había percibido de ello. Ese es el problema de la enorme
     cantidad de variantes que se pueden engarzar a las acciones, sean las
     nuestras o las de ellos. Inteligente y simple. Nunca se cansan, pero no se
     dan cuenta de que nosotros tampoco.
      Nos preparamos de nuevo, no nos habíamos cambiado así que esta vez todo
     fue más rápido. Entramos en el cubo y allí estábamos de nuevo. Seguía
     siendo aquella ominosa tarde. Estábamos a un kilómetro más abajo, a una
     distancia equidistante de nuestra primera acción y el chalet donde se iban
     a desarrollar las conversaciones.
      El primer aviso provino como era habitual en estos casos de Rudy.
      -¡Peligro!
      Todos estábamos más relajados y tranquilos, aquello no tenía porque ser
     ni peligroso ni complicado. Sólo que esta vez nada fue así. Nos estaban
     esperando. Sabían que iríamos, y por desgracia para nosotros, incluso
     habían acertado por donde entraríamos en ese continuo. Ese es nuestro peor
     momento, pues siempre hay unos momentos de desconcierto.
      Nos estaban disparando, pero no veíamos a nadie. Desde luego eran Extras,
     no cabía duda por las armas que utilizaban. Rudy se había apercibido, pero
     no con la suficiente rapidez. Todos intentamos cubrirnos y desplegarnos.
     Lo importante era localizar la fuente de los disparos. Marisa puso un
     señalizador en cuanto la encontró y todos pudimos empezar a devolver el
     fuego.
      Eran dos, y estaban situados en ángulo para cazarnos en fuego cruzado.
     Rudy ya se estaba desplazando para pillarlos por detrás, mientras que
     Marisa se movía a su izquierda. Yo disparaba como un loco para cubrirlos,
     mientras que Isabel, la más atrevida, avanzaba derecha a ellos cubriéndose
     como podía. Con suerte no quedaría marcas de la incursión, todos estábamos
     disparando con pistolas de plasma, no producen sonido y sólo afectan al
     campo de éxtasis que nos rodea, eso es suficiente.
      No tuve tiempo para reflexionar. Sentí un grito y una luz roja se
     encendió en mi consola. No quise saber de quién era. Acabábamos de tener
     una baja. Los tres restantes convergimos fríamente hacia ellos, estábamos
     ya en la posición adecuada y no les dimos ningún tipo de oportunidad,
     ellos sabían que jamás la tendrían. Era como si se apagara una luz, sólo
     que no te quedas a oscuras.
      Nos quedamos tensos, serios. De repente todo se había vuelto tranquilo,
     era el momento de preocuparse del resto del mundo y de nosotros. No
     necesite mirar la consola para saber quien de nosotros se había ido. ¡Vaya
     eufemismo! Sentí una punzada de dolor y permití que aflorara.
      -Es Isabel -la voz de Marisa taladró mis oídos.
      Me acerqué a su cuerpo. Tenía la cabeza destrozada. Cogí su muñeca
     derecha y leí lo que su panel de control decía. Indicaba un fallo masivo
     del cerebro. Nuestros nanosistemas pueden reparar muchas de las heridas,
     pero ni toda la tecnología del siglo XXI podría reconstruir un cerebro
     reventado.
      -Hay trabajo que hacer -comentó Rudy que en estos casos también suele ser
     el más práctico y frío del grupo.
      Nos repartimos el trabajo. Esta vez fuimos más concienzudos, controlamos
     que nadie se hubiera apercibido de la pequeña batalla. Preparamos los
     cadáveres para llevárnoslos de vuelta al futuro.
      Cuando acabamos, simplemente esperamos que llegaran los de la emisora.
     Rudy y Marisa siguieron vigilantes por si aparecía algún Extra más que
     intentará dar al traste con el plan.
      El recuerdo de Isabel me golpeaba a intervalos regulares, como si se
     hubiera instalado en mi corazón. Cada latido me daba vida, cada latido me
     mataba.
      Los de la emisora llegaron, muy discretos, con un coche sin
     identificación, aparcaron a unos doscientos metros de la casa. No les di
     tiempo ni a bajar del automóvil. Me dirigí a ellos. Les solté el rollo que
     habíamos preparado, me hice el remolón y les vendí la información que
     querían oír. Los envíe a Arganda, la información era buena -les dije-,
     unos compañeros suyos ya habían llegado y se habían ido cuando recibieron
     un nuevo soplo; en el último momento la reunión de varias facciones
     franquistas se había trasladado al antiguo instituto de Arganda del Rey,
     en la carretera de Valencia. Tenían tiempo de llegar a ella, pues debido
     al traslado se había retrasado un par de horas. Si se daban prisa aún
     llegarían con tiempo suficiente.
      Lo mejor era embrollar lugar, tiempo y personajes, además Arganda había
     sido durante la primera década de la Transición un feudo comunista, era
     perfecto para los franquistas. El coche volvió a arrancar y enfiló
     carretera abajo. Ya no les volvimos a ver.
      Estuvimos controlando todo a nuestro alrededor. Las horas parecían losas
     que caían lentamente. Puntualmente Carrillo pasó cerca de nosotros y se
     introdujo en la casa. Esta vez no hubo ningún movimiento extraño. El
     dirigente del Partido Comunista ni siquiera nos vio al pasar. Le habíamos
     salvado la vida, pero eso él, nunca lo sabría.
      Hicimos una última comprobación general y esperamos al portal para
     regresar a nuestro tiempo. Dentro de la desgracia, fue un alivio
     comprobar, cuando llegamos, que la historia volvía a ser la original, al
     menos por el momento. En algún lugar habría alguien que estaba rumiando
     algún nuevo cambio. Los técnicos se llevaron los cuerpos.
      Como segundo en antigüedad me enfrenté al duro deber del papeleo. Rudy y
     Marisa se ofrecieron a ayudarme, pero preferí hacerlo solo. Los
     burócratas, aquellos que están seguros en sus oficinas, quieren saberlo
     todo de todos. No dejan nada al azar.
      Cuando acabé, frente a mi, en la pantalla de la consola, brillaban las
     ordenes de la segunda operación.
     Isabel me mintió. No le guardo rencor por ello. Lo sabemos todo sobre
     nosotros, hay demasiadas posibilidades sobre el futuro. En realidad hay
     tantos futuros, que simplemente deja de interesarte saber algo de ellos.
     Por eso no me dijo la verdad y se lo agradezco, impone un poco empezar a
     vislumbrar todas las implicaciones de pertenecer al GEI.
      Antes de atravesar el portal, he consultado todos los ficheros
     disponibles sobre Isabel. Así que ahora lo sé todo de ella. No de primera
     mano. Era la primera vez que la recluto en esta vida, así que no dispongo
     más que de una abundante información sobre sus alistamientos anteriores,
     pero son informes fríos, sin alma, sin conciencia, sin respeto por ella
     misma. Por eso he decidido ser mi propia memoria, creo que más de una vez
     habré pensado en hacerlo, en escribir para dejarme a mi mismo el relato de
     mis vivencias con Isabel, lo único que realmente me importa. Esta claro
     que siempre voy a estar aquí, así que será mejor tener unos buenos
     registros de mis propias emociones y sentimientos, quizá en algún momento
     me canse y los borre, pero será la decisión de otro Mikel, no la mía.
     Quizá logre que Isabel colabore. Todos los Mikel que me sigan tendrán
     siempre la oportunidad de acceder a todo esto que estoy escribiendo.
      Estoy caminando por los pasillos de la universidad donde Isabel cursa sus
     estudios y voy a su encuentro. Antes de llegar aquí he tenido que evaluar
     cuales eran mis sentimientos hacia Isabel en este momento. Intento ser lo
     más ecuánime posible para que estos no interfieran en la operación, que
     debería tener, ineludiblemente, éxito. Es curioso como algunas veces
     Isabel se ha negado en rotundo a ser enrolada, una vez me ocurrió a mí y
     creo saber porqué, aunque es algo que no he dicho a nadie. He descubierto
     que las primeras horas son cruciales en su comportamiento posterior
     conmigo, así que lo primero que tenía que hacer era establecer que quería
     yo exactamente, esta vez, de ella. Somos como pequeños dioses decidiendo
     sobre la vida de los demás. Volviendo una y otra vez a tomar las mismas
     decisiones. Hay que ir con cuidado, pues de lo que si estamos seguros es
     de que, en algún momento, las cosas serán a la inversa y por tanto es
     necesario trabajar y comportarse de forma honesta para que luego recibas
     el mismo trato.
      Según los registros, con Isabel he explorado ya algunas variaciones, no
     sólo en cuanto a tipos de relación sino incluso de edad. Tengo tres
     momentos concretos en los cuales estoy razonablemente seguro de su
     comportamiento. En la primera es cuando tiene 23 años, es un poco alocada
     pero su intuición y seguridad son brillantes, la segunda es cuando tiene
     26, es su mejor momento, acaba de salir de una relación fallida, está
     desencantada de su trabajo y los hombres, ha decidido refugiarse en el
     estudio, no ha perdido sus mejores cualidades. La tercera es cuando tiene
     32 años, a mi, personalmente, es cuando más me gusta. Es mucho más seria,
     aposentada, y su carácter ha perdido muchas de esas asperezas que me
     irritan cuando nos peleamos. Nunca he ido más lejos, en la mayoría de las
     líneas temporales a los 33 Isabel inicia una relación duradera y nunca me
     ha apetecido explorar mucho más allá de ese punto.
      Esta vez he escogido a la más dura de las tres Isabel que prefiero. Ella
     tiene 26, me va a mirar con desconfianza, se ha cerrado sobre si misma
     desde que su último compañero la decepcionó. Desde luego no lograré nada
     hoy, es lo que prefiero, en estos momentos no me interesa el sexo. Creo
     que sería incapaz de decirle cuanto la amo, incapaz de explicarle en que
     tremendo lío temporal nos hemos metido. Isabel no lograría entender porque
     me lamento, estando como está, delante de mí. Me recordaría demasiado a
     aquella otra Isabel tan familiar y cercana que me acaba de dar un beso y
     me ha deseado suerte antes de entrar en el portal. Ambos tenemos que pasar
     por un período de adaptación mutuo, bueno, esta vez sólo yo, para ella
     todo será nuevo y por lo tanto atractivo.
      Tengo por delante tres días para hablar con ella. Isabel va a faltar a
     sus clases, ya he reservado mesa para mañana en el Gorría Atemparak de
     Barcelona. Iremos al teatro y repetiremos Aída; según los registros la he
     visto incontables veces, para ambos será la primera vez. Pasearemos junto
     a la playa y, poco a poco, le iré soltando el hilo de la enorme madeja que
     oculto. Quizá, al final, acabemos en la cama, quizá no, eso es una de las
     pocas cosas que no me atrevo a predecir.
      Me estoy acercando, sólo debo girar un recodo y la tendré a la vista. Me
     prometo tener cuidado de mi mismo, de ella, de los dos. No quiero pasar
     por esto, se me hace duro.
      Hay gente, mucha gente en los pasillos, están saliendo de las clases. Por
     un momento dudo de que me sea posible verla. No tengo miedo, sé que está
     allí, esperándome a que llegue y le diga que lo siento.
      Todos los registros, todas las grabaciones no me han preparado para su
     deslumbrante aparición. Ella esta allí, en el lugar preciso y a la hora
     adecuada. Tiene esa mirada risueña y alegre, sus ojos brillantes son dos
     focos de luz. Sus labios dibujan una sonrisa que nunca deja de ser una
     invitación. Me ha mirado desde lejos sin reconocerme, no tiene porque,
     viene hablando con una compañera y así seguirían si yo no me interpusiese
     en su camino. Ella todavía no sabe quién soy, no ha desviado la mirada
     hasta que ha estado encima de mi. Yo simplemente he tropezado con ella y
     los libros se le han caído. No he podido sino sonreír ocultando la cara.
     Le estoy diciendo que lo siento y ella escucha una simple disculpa, en
     realidad le estoy pidiendo perdón por lo que le estoy haciendo, por
     arrancarla de su línea temporal, por amarla, por llevarla lejos y quizá
     por matarla una y otra vez, pero no puedo hacer otra cosa. ¿Qué mejor
     equipo que aquel que ya está formado? Aquel de cuyos miembros se conoce
     todas sus reacciones, y esta probada su valía y capacidad. ¿Quién nos
     impide reclutar continuamente a los mismos agentes cuando hay millones de
     copias casi idénticas de ellos en millones de mundos similares?
      Hablo, pero no me escucho, sólo tengo oídos para ella. Recito una canción
     aprendida hace demasiado tiempo.
      Cierro los ojos, entiendo por fin lo que ella sintió cuando fue a mi
     encuentro en el parque, busco tiempo desesperadamente para recuperarme,
     dejo que me envuelva con su olor...
      La situación tiene algo de poética. Isabel vuelve a estar aquí, siempre
     ha estado, nunca se ha ido. Sólo debo entregarle los recuerdos que ha
     perdido, para que sea de nuevo ella.
      Cuesta darse cuenta, cuando por fin lo entiendes quieres olvidarlo,
     quisieras no sospecharlo siquiera, pero llega este momento y te das de
     bruces con la amarga realidad. Ahora sé que somos inmortales, no tenemos
     futuro, pero que importa cuando disponemos de un presente perenne. Hay
     millones de Isabel que me están aguardando. Todas ellas al alcance de mi
     mano. Todas ellas esperando su propia fracción de eternidad.