LA MUSA DE HYPERBOREA
CLARK ASHTON SMITH
Demasiado lejos queda su pálido y mortal rostro, y demasiado remotas las
nieves de su pecho letal como para que mis ojos puedan contemplarlos jamás. Pero
hay veces en que me llega su susurro, como un helado viento de ultratumba,
debilitado después de atravesar los golfos que separan a los mundos, y que ha
surgido sobre los últimos horizontes de desiertos rodeados de hielo. Y me habla
en un idioma que nunca he oído, pero que siempre he conocido; y me habla de
cosas mortales y de cosas maravillosas, fuera del alcance de los deseos
estáticos del amor. Su relato no es sobre algo bueno o malo, ni sobre nada que
pueda ser deseado o concebido o pensado por las termitas de la tierra; y el aire
que respira, y la tierra por donde anda errante, estallarían como el frío
cortante del espacio sideral; y sus ojos cegarían la visión de los hombres como
si fueran el sol; y su beso, si pudiera alcanzarse, se retorcería acuchillando
como el beso del relámpago.
Pero al oír su susurro lejano y poco frecuente,
me imagino una visión de vastas auroras, sobre continentes más grandes que el
mundo, y mares demasiado extensos para las quillas de las empresas humanas. Y a
veces balbuceo los lazos extraños que nos trae, si bien nadie los recibirá con
agrado, y nadie creerá en ellos, o los escuchará. Y en algún amanecer de los
años desesperados, me adelantaré y seguiré hasta donde me llama, para buscar el
beatífico nado de sus distancias nevadas, para perecer entre sus inescrutables
horizontes.